Nada puede ser para siempre, aunque así lo deseemos. Amanda y Elliot estaban de regreso y solo una hora después tuvieron que separarse y regresar a sus vidas cotidianas. Quien más lo lamentó fue Elliot, pues la tranquilidad y el placer que sentía en aquella isla eran más que un sueño. —¡Hola, Sarah! —Amanda se presentó en la cocina con una estrella de mar y unos caracoles que recolectó para llevar a casa. —¡Hola, joven! Por la enorme sonrisa que muestran sus labios puedo suponer que ha disfrutado bastante de su paseo. Como niña pequeña, Amanda le contó a Sarah de su aventura en el mar y la belleza del firmamento. En cada palabra se podía ver expresada su inmensa felicidad. —Ahora iré a contarle a Liam y a mostrarle las hermosas fotos que he tomado para él. —Eso no será posible, joven

