La impotencia, la rabia y el dolor, habían arropado por completo la vida de Amanda. Solo con 25 años de edad estaba experimentando el dolor de ser traicionada por segunda vez. —¿Qué clase de padres me regaló la vida? ¡Debí ser un aborto más! —fueron las palabras que salían de su boca con el alma hecha pedazos. —¡Te ves hermosa querida hija! Escuchó la voz alegre y fiestera de su padre, como si no estuviera pasando nada. —¿Qué haces allí sentada, todos te esperan en el altar? Vamos, termina de arreglarte afuera te espera una limusina. —¿Quién diablos te crees? ¿Piensas que por ser mi padre me debo convertir en tu marioneta o en tu títere? —reclamó mirándolo a los ojos bastante enojados y frustrados. —¿Qué, quién me creó? ¿Qué, quién creo que soy, preguntas? ¡Mírame! Soy el estúpido qu

