Cuando las sedas y las flores blancas adornaban los salones y los pasillos del Palacio de Asterbark, la sonrisa reinaba en los labios de la princesa Andreina, por fin había llegado el día de su boda con su amado Fillip. Sus padres habían esperando ese momento y los padres de Fillip también. El rey Hernaldo festejaba la unión eentre los reinos pero el hermano de su esposa deseaba que esa dicha durara muy poco. En la habitación de la princesa donde damas de compañía la ayudaban a terminar de arreglarse antes de irse a ña capilla, una rosa roja de hermosa apariencia se puso ante ella. Le deseo felicidad princesa aunque mi corazón se tiñe de rojo y gota a gota se desangra bañando mi pecho con el color de esta rosa... Si felicidad me causa pena y su alegría rompe mi corazón... Pero no

