Bela PdV Al principio la adrenalina hacía que mi corazón latiera tan fuerte, que podía sentir el pulso incrementándose con los segundos, en el silencio de la noche, solo me acompañaba el sonido de mis propias palpitaciones. Miraba por el retrovisor cada diez segundos, temiendo que la distancia recorrida no fuera suficiente y que a este paso, no tardarán en alcanzarme. Un miedo que hacía sudar mis manos cada que pasaba un auto. La culpa me carcomía por dentro. No era la mejor forma de decir adiós. Diablos, si era honesta no quería irme, no así. Suerte o destino, nada ocurrió. Seguí conduciendo, el camino largo y desolado, frío, tratando de alejarme cuanto fuera posible entre el lugar donde haría la llamada, y la locación recóndita donde se hallaba la mansión del príncipe. Esto lo ha

