Envuelta en la sabana me senté a una distancia segura de él. Su mirada fija en la ventana, era como si no estuviera en la habitación. Sumergido en sus pensamientos, expresión indescifrable. Y extrañamente, sin presión ni incomodidad en su compañía. Cene en silencio, demasiado hambrienta para seguir con mi acto infantil. Analizando al hombre que se encontraba sentado frente a mí. Tratar de comprender a Leviathan era en extremo cansado. Se podría decir que era un ejercicio de futilidad. Con altos y bajos, en momentos, creía que se había abierto conmigo, que por fin podía conocerlo realmente, o que lo entendía y el a mi, cada vez me probaba lo contrario, lo equivocada que estaba. Unas veces frio y otras tan cálido que podría pasar por un hombre enamorado. Pero yo sabía mejor que eso. Su

