Camine con pasos lentos el recorrido hacia la cocina, se había vuelto un ritual diario, de madrugada, cuando todas los seres vivos normalmente duermen, ignorando el peligro que acecha, una sola manta que nos aleja de la merced de las criaturas de la noche, monstruos que no solo existen en las historias de terror. Si bien sabía que no tenía necesidad de alimento ni bebida, la inquietud de estar entre esas cuatro paredes que se habían vuelto mi santuario tomo lo mejor de mí, hermoso cada rincón del lugar, distinto a mi propio gusto, pero no me podía quejar, el lujo hablaba volúmenes arriba. Seguí por unos minutos más, el primer camino que memorice por cuestión de supervivencia, sola en la enormidad de esta mansión, aunque no realmente sola, pero por el momento lo prefería así, aquí va otr

