—¡Aaaah, nooo! —grité con tanta fuerza que sentí que los pulmones se me desgarraban. Me alejé tambaleando, el corazón me galopaba con tanta violencia que por un instante pensé que se me saldría por la garganta—. ¡Las alucinaciones son tan reales! ¡Aaaaah! —me llevé las manos a la cabeza, como si pudiera así frenar la locura—. ¡Me tocó un fantasma! ¡Mierda! ¡Aaaah! ¡Es real! —chillé, con la voz estrangulada entre el pánico y la incredulidad, pero entonces escuché su voz… su maldita voz. —Soy real, Liliane. —Su tono sonaba firme, cálido, familiar… tan jodidamente real. Mi mundo dio un vuelco. Sentí que todo a mi alrededor se desmoronaba y reconstruía al mismo tiempo. Mis piernas se negaban a sostenerme, pero me acerqué a él como si algo más fuerte que yo me guiara. Su mano se posó en mi ca

