Shay no conocía otro lugar donde ir que no fuera su casa, sabía que sus hijos estarían bien con Marcus, con todos los hombres tenía a su cargo, bien podría enfrentar a los Milani sin problema, no había lugar más seguro que con él. Suspiró cuando entró a su hogar, ahora no se sentía tan acogedor como cuando llegaba de trabajar y sus hijos la recibían, todo era un caos en su vida. Arrojó las llaves de su auto en la encimera y caminó hacia la cocina, se detuvo, observando todo en penumbras. Bajó sus manos hasta su vientre y palpó esta zona. —Perdónenme, hubiera preferido que vinieran en otro momento. —les habló con ternura, no quería que se sintieran regañados. Iba a ir por un vaso de leche cuando el timbre de la casa empezó a sonar. Era extraño ya que no esperaba a nadie, entonces se puso

