Busqué a Nicolás, tocándole su hombro suavemente mientras lo sacaba de su trance pensativo. Él giró su cabeza hacia mi, confirmando que había estado llorando debido a sus mejillas húmedas y sus ojos hinchados. Me dio una sonrisa ladina, triste y desganada. Luego se giró completamente y casi lanzándose hacia mi, me abrazo.
Una vez que lo tuve tan cerca, pude notar el aroma a alcohol que emanaba su cuerpo. Me separé de él levemente para susurrarle en voz baja.
_¿Has estado bebiendo?
Él me miró, inclinando su cabeza con poco balance hacia un lado.
_¿No te parece que tengo mis motivos para hacerlo?
Suspiré, cerrando mis ojos por un momento.
_No puedes venir ebrio a un funeral, sobre todo al de nuestro padre, Nick. No está bien.
_Tú masacraste toda una mansión hace sólo una semana ¿Y yo no puedo caer ebrio al funeral de mi padre?
En el momento en el cuál oí sus palabras sabía que no tenía arreglo intentar charlar con él. Sabía que no llegaría a nada haciéndolo. Por lo que simplemente intenté ignorarle mientras le señalaba las escaleras.
_Necesito que vayas a la oficina de pápá. Allí espera Froy y un abogado. Nos harán los papeleos de su herencia.
_¿Tanta necesidad tienen de cobrar su dinero?
Rodé mis ojos.
_No es por eso, Nicolás. Sólo es por cuestiones de organización, ya que nos tienen a todos aquí reunidos, es la mejor opción.
Sin mucho más que argumentarme al respecto sólo hizo una mueca pensativo, y luego se dirigó a las escaleras desapareciendo entre ellas. Yo me giré hacia la gente, buscando un rostro en especial. La encontré unos minutos después, en la terraza. Se encontraba sola y lucía pensativa, mientras observaba como el atardecer comenzaba a caer sobre el cielo, tiñendo todo de unos cálidos tonos naranjas y amarillos.
Toqué suavemente su hombro. Ella se sobresaltó por un momento, pero al verme se tranquilizó.
_Lo siento, no era mi intención asustarte.
_No te preocupes. Sólo estoy algo tensa.
_¿Por qué? ¿Sucede algo en particular?
Ella negó con su cabeza, aún con su mirada puesta en el cielo.
_No realmente, sólo necesito algo de descanso. No te preocupes.
Asentí con mi cabeza. Aún la sentía bastante lejana a mi, a pesar de tenerla a mi lado. Sabía que apenas terminara el funeral tendría que tener esa charla que tanto había pospuesto. Siquiera había pensado en qué le diría, o en como lo haría. Sólo quería quitarme ese peso de los hombros antes de que las mentiras solo empeoraran la situación.
_Iré escaleras arriba a realizar unos papeleos por la herencia de mi padre. ¿Te molestaría esperar por aquí unos momentos? Intentaré que sea lo más breve posible.
Ella asintió, aunque todavía sin mirarme.
_Ve tranquilo, yo sólo estaré aquí hasta que vuelvas.
Me puse de pie ante su afirmación, mientras me acercaba a darle un beso sobre su mejilla. Ella dejó una caricia en mi rostro a modo de respuesta, y aunque su tacto era cálido el sentimiento que me otorgaba era el de un témpano de hielo.
Sin decir nada más simplemente me alejé de allí, volviendo dentro de la casa para poder dirigirme escaleras arriba a donde me estaban esperando. Una vez llegué hacia la oficina, noté como se encontraban sentados sobre el escritorio de mi padre aquél abogado y mis dos hermanos, que giraron sus cabezas al oír el sonido de la puerta abrirse, y volvieron su mirada al frente una vez que vieron que se trataba de mi. Tomé asiento en la silla libre, que se trataba de la del medio entre las tres que habían. Un silencio mortuario inundaba la gran habitación, sólo oyéndose el sonido de las hojas pasando por los dedos de aquél hombre, que parecía estar buscando unos documentos en especial dentro de una gran carpeta repleta de hojas con diferentes inscripciones.
Una vez que pareció encontrarlo, lo levantó entre sus manos y nos lo mostró por un momento.
_Al fin lo encontré. Esta es la herencia escrita de su padre hacia ustedes. Está detallado lo que le corresponde a cada uno, incluyendo bienes inmuebles. Si ninguno tiene mayor problema, procederé a leérselas.
Todos nos miramos entre sí, asintiendo con nuestra cabeza al notar que ninguno ponía oposición ante esto. Observándonos de acuerdo con ello, el abogado aclaró su garganta, dispuesto a comenzar su lectura.
Luego de un largo preámbulo lleno de formas correspondientes de un documento de ese porte, llegó finalmente al valor neto de lo que nos correspondía a todos.
_...Comenzando desde el mayor hasta el menor, el valor heredado que se le deja a Froy Castelloni es de veinte millones de dólares, y una de las estancias en las afueras de la ciudad. Siguiendo con Nicolás Castelloni, posee un valor heredado de quince millones y los autos de colección pertenecientes a su progenitor. Por último, a Ian Castelloni le pertenece un valor heredado de cincuenta millones de dólares, y la casa de actual residencia de su progenitor antes de su defunción...-
Abrí mis ojos por un momento, creyendo que había oído mal las cifras. Mis hermanos me observaron, ambos igual de sorprendidos de lo que me encontraba yo. ¿Había realmente oído bien?
-Disculpe.-Le interrumpí, logrando que me observe.-¿Podría repetir la última cifra dictada, por favor?
Él miró el papel, buscando la oración que le había pedido. Una vez logró encontrar el párrafo, prosiguió.
_Claro, el valor de herencia de Ian Castelloni son cincuenta millones de dólares y la casa de actual residencia.
_¿Por qué existe tanta diferencia entre el dinero de mis hermanos y el mío? Quizás exista un error.
Me negaba a creer que el demente de mi padre me estaba dejando esa cantidad de dinero sólo a mi, en vez de dividirla de manera equitativa. Aunque a esas alturas del partido, me esperaba cualquier cosa. Sin embargo, esa suma de dinero lejos de ponerme feliz, me hacía sentir incómodo ante la no visible sensación de competencia entre mis otros hermanos, haciendo que se cree una especie de "favoritismo" inexistente.
_No, de hecho es correcto. Este documento original fue redactado por tu padre en observación mía, por lo que se puede decir que yo fui testigo personal de ello. No tengo idea porqué las cifras. Pero también dejó sus últimas voluntades para con ustedes, a lo mejor ello ayude a entender su decisión. Si no les molesta, se las leeré a continuación.
Todos asentimos nuevamente.
_En función de mi deber como padre, les deseo asignar a mis tres queridos hijos las siguientes tareas en caso de no encontrarme presente para realizarlas por mi cuenta: a Froy, le dejo el deber de encargarse de los asuntos extranjeros del negocio familiar, debido a su gran capacidad políglota. A Nicolás, le dejo encargado el control de los diferentes peones que tenemos a nuestro cargo para trabajar de manera eficiente, debido a su buena experiencia siendo jefe de hombres. Y por último y no menos importante, a mi hijo menor, le concedo el poder de algo que siempre soñó obtener y que por mis propios deseos egoístas, nunca le concedí. A Ian, le dejo encargado ser el nuevo jefe del negocio familiar con el fin de que su templanza y gran capacidad de análisis lo ayuden a mantener en pie por muchos años más nuestro apellido en buena imagen.
_¿Es enserio? ¿A Ian le dará el poder de ser el jefe?
Mencionó Nicolás, interurmpiendo nuvamente al abogado en su lectura.
_Nicolás, basta.-Dictó de manera seria Froy, mirándolo.
_Sólo digo que me resulta algo sin sentido que el menor y con menos experiencia sea elegido apto para dirigir todo esto.
_¿Estás intentando decir que no tengo la capacidad suficiente?
Mencioné, casi de manera sarcástica. No tenía realmente ánimos de pelear, pero tampoco sabía por qué la reacción tan brusca de Nicolás.
Él soltó una risa con sorna mientras me observaba de arriba a abajo con desdén. Luego, se encogió de hombros.
_Si la bota te queda...
_Ya basta, muchachos. Por favor, recuerden que seguimos en el funeral de nuestro propio padre. Tengan un poco de respeto y no armen una escena aquí mismo. Si esto está dicho de tal manera, fue porque así lo quiso él.
_Entonces se nota quién fue el único al que quiso siempre, al parecer.
Miré a Nicolás enfadado, y ya me estaba colmando la paciencia a pesar de entender que se encontraba ebrio y seguramente decía la mayoría de cosas desde su mente confusa y alcoholizada.
_¿Puedes dejar las estupideces para otro día, por favor?
Froy miró al abogado que se mantuvo en silencio, observando atentamente a nuestra conversación.
_Disculpe, puede proseguir.
El abogado asintió ante esto y nos otorgó un documento para confirmar que habíamos estado al tanto del reparto de bienes.
Sin embargo, antes de que pudiéramos firmar algo, alguien se encargó de entrar bruscamente por la puerta.
La mujer de mi padre se encontraba entrando furiosa hacia la oficina. Su maquillaje se encontraba corrido por sus mejillas y sus zapatos resonaban en el suelo de cerámica. En una de sus manos traía unos cuántos papeles que dejó sobre el escritorio con enojo.
_Sé que están repartiendo la herencia de Edward. Soy su mujer, y como tal me corresponde un porcentaje de ello.
Algo nervioso el abogado buscó entre sus papeles pero se encogió de hombros al no encontrar nada.
_Disculpe señorita, aquí no hay nada que avale lo que usted está diciendo.
Ella le mostró los papeles que había traído, mostrándoles también el anillo de diamantes en su dedo anular.
_Hicimos los papeles civiles hace casi dos meses. Aquí están.
_¿Realmente te has puesto así por buscar la herencia de papá?
Ella miró a Froy con desdén.
_Por supuesto que sí. Se que no les importa un comino si me quedo en la calle pero les informo que si no me queda un porcentaje para poder vivir, sufrirán de denuncias por parte de mi abogado.
_Se nota mucho el amor incondicional que le tenías a nuestro padre.-Comenté de manera sarcástica.
Ella se acercó a mi, hasta quedar frente a frente. Yo sólo la observé en silencio. Sabía que intentaba intimidarme, pero no había forma en que lo lograra.
_Tú mejor te callas porque eres el menos cercano a él y casualmente, el más afortunado. Luego de lo mal que se la hiciste pasar a Edward, no mereces ni un centavo.
_...Bueno, los papeles del matrimonio parecen ser correctos. Y por ley, aunque no se tenga explícitamente en cuenta, la cónyuge ciertamente se lleva un porcentaje de la herencia total.
Habló tiímidamente el abogado, entre toda nuestra discusión intrafamiliar. Observé como aquella rubia sonreía ladinamente, como si supiera que había logrado su cometido. Me puse de pie mientras me dirigía hacia ella.
_¿Cómo sabemos que no tenías esto planeado desde antes? ¿Qué nos detiene de pensar que tienes que ver con su muerte?
Froy me detuvo de acercarme agresivamente hacia su lugar. Ella me observaba indignada ante mis palabras, pero ciertamente no le creía nada. Ni una sola lágrima de las que había soltado en el funeral. A ella le tenía un profundo desprecio y era totalmente consciente de que ella lo sabía.
_¿Cómo puedes decir eso de mi luego de tantos años de relación?
_Nunca me los he creído siquiera un poco. Sé que nunca lo quisiste realmente.
_Ian, ya detente.-Me habló cercano al oído Froy.
_Yo amé a Edward con todo mi corazón y no hay momento en que no esté sufriendo su pérdida. Sólo quiero asegurarme que no me quedaré en la calle para cuando ustedes vayan cada uno por su lado.
Me quité del agarre de Froy, simplemente dirigiéndome hacia el escritorio y dejando mi firma sobre el papel que nos habían dejado frente a nosotros en un principio. Luego de ello, me alejé mientras me dirigía hacia la puerta, ante la mirada atenta de todos en la habitación.
_¿Qué haces? ¿A dónde vas?
_Ahí tienen mi firma, úsenla como se les dé la gana. Yo me largo de aquí.
_Ian, espera...-Suspiró de manera suplicante Froy.
_Olvídalo, estoy agotado.
_Déjalo, si se queda sólo seguirá peleando con ella.-Soltó Nicolás.
Y eso fue lo último que oí antes de cerrar la puerta a mis espaldas y bajar las escaleras. Ya el atardecer estaba en su último punto, anunciando que la noche estaba cerca. Salí hacia la terraza, observando como Audrey seguía allí sentada. Al sentir mis pasos cerca de ella levantó su mirada. Le intenté torcer una falsa sonrisa mientras señalaba con mi cabeza la salida.
_Ya terminé. ¿Nos vamos?