Luego de resuelto el altercado, terminamos desayunando en silencio, sentados en la mesa del comedor. Sin embargo, no era un silencio incómodo, ni tampoco implicaba tensión. Sentía que luego de poder aclarar las cosas había un peso en mis hombros que había desaparecido casi por completo. Aquél silencio se vio interrumpido por Ian, quien aclaró su garganta para hablar logrando que levantara mi vista para mirarle. _Necesito hacerte una pregunta, Audrey. Al verme asentir con mi cabeza, siguió hablando luego de una pensativa pausa. _Si acaso decidiera tomar el puesto de mi padre en Italia... _¿Lo piensas hacer? Él tragó en seco, pensativo. _Aún no lo tengo del todo decidido. Pero quiero saber si voy a contar con tu apoyo si es que decidiera hacerlo. Debido al tono de su voz sabía que ha

