Si bien el rastro de sangre se había detenido en la puerta, dentro del baño existía un último charco rojo que teñía los blancos azulejos del sanitario. Al levantar mi vista, noté que se trataba de un cuerpo que había sido arrastrado hasta la bañera, en donde yacía con su mirada vacía. Si bien no era la imagen más conmovedora de ver, algo en mi comenzó a respirar nuevamente al notar que no se trataba de Audrey. Sino más bien, de Noah. Rápidamente y con menos sigilo comencé a buscarla por el lugar, abriendo puertas y buscando lugares recónditos. La encontré gracias a su silencioso sollozo, el cuál seguí cuidadosamente hasta encontrarla dentro de mi armario, escondida entre varios abrigos. Al sentir la puerta del armario abrirse recogió sus piernas entre sus brazos, terriblemente ater

