30. Juan es el único que debería sentirse avergonzado

1501 Palabras

Aparco en la puerta de la casa de Mónica y vuelvo a mirar mi reloj de pulsera, la una y trece minutos. He administrado el tiempo verdaderamente bien. Al salir del coche el gélido aire invernal golpea mis muslos descubiertos. Me he quitado los vaqueros, que están bien doblados en mi bolso, y tampoco llevo medias, por lo que la piel de los muslos queda expuesta. Afortunadamente, mo agitación por la reciente y placentera actividad s****l aún me produce calor, lo que mantiene en mi cuerpo una temperatura muy agradable. Me sitúo junto a la puerta del edificio del portal de Mónica y cruzo los brazos en un vano intento de retener el calor. —¿Qué haces así vestida? —Mónica mete la llave en la cerradura del portal y tú te cuelas rápidamente al interior. Apenas han pasado dos minutos, pero te es

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