-Es una mentira -susurró mientras volvía ligeramente la cabeza y miraba a los ojos de su amante-. "Déjame ir." Su voz era constante y tranquila... la calma era la mentira más grande de todas. Hyakuhei podía sentir la frialdad que le acariciaba el frío de su voz, pero sacudió la cabeza y apretó su agarre. -Nunca te dejaré ir -susurró sin darse cuenta de que sus palabras hacían eco de las promesas contaminadas que Tadamichi había plantado en su corazón y en su alma-. Kyoko se apartó de la absolución de esa declaración y miró al personal... El personal de Tasuki. Todavía podía ver un resplandor de amatista a su alrededor y todavía podía sentir su silencioso zumbido de energía sincronizándose con el poder que Tasuki le había enviado. Alzando la mano a través de los barrotes, llamó para que v

