Narra Mateo. Me concentré en la computadora una vez más. Había reducido la búsqueda y estaba convencido de haber localizado el hospital donde el abuelo de Megan estaba ingresado. Se encontraba cerca de mi casa, era una privada y, según la información que había en la página web, tomé el teléfono y marqué el número del hospital. —Hospital Francisco Morazán. —Buenos días —saludé—. He pensado en llevarle unas pinturas y otros utensilios al abuelo de mi prometida cuando vaya a verlo dentro de un rato y quería asegurarme si estaba en condición de visita. —¿El nombre del paciente? —Javier Olson—respondí. —Si, esta en condición, pero si quiere ganárselo de verdad, asegúrese de traerle un mazo de cartas. A él le encanta jugar — Gracias por la información— le respondí al hombre detrás de

