POV Fernanda Cargué con la angustia durante toda la semana. Apenas pude dormir. Cada noche terminaba con Fátima entre mis brazos, mirándola en silencio como si el mundo pudiera detenerse a través de sus ojos cerrados. Me perdía en la curva suave de sus pestañas, en el leve movimiento de su pecho al respirar, rogando por algo de paz. Quería descansar, tomarme un tiempo. No por flojera, sino por necesidad. Sentía que estaba en una guerra. Quería reencontrarme con ella, con mi hija, con la maternidad, con esa parte de mí que quedó estancada cuando la dejé en Washington. Y aunque en mi interior dolía no estar trabajando, también sabía que este tiempo con Fati era el que más necesitábamos. Me levanté con cuidado para no despertarla y fui hacia la cocina a prepararle el desayuno. Pero al abri

