Breiver Andrade
Un extraño olor, hace que mis ojos se abran de manera muy lenta.
─ ¿Qué mierda es esta? ─pregunto en susurro en lo que mi visión se aclara.
¡No lo puedo creer! Tengo demasiado cerca de mi cara un trasero notablemente blanco y con un letrero rosa que indica un ¡Feliz cumpleaños hermanito!
«No, no, no y no», son los gritos indignados que se repiten en mi mente. Suspiro fuerte para tranquilizarme y pensar con claridad.
«¿Esto es un mal sueño? ¿Será una alucinación?», son preguntas que circulan en mi confundida cabeza.
─Pero sí esto es...
Toda mi verborrea mental se acaba, cuando escucho un clic. Giro lentamente el rostro para no tocar aquel trasero que por poco roza mi nariz.
De reojo veo a mi dulce hermanita con una cámara en sus manos y una sonrisa de desquiciada. Abro mi boca para llenar de insultos a estos mellizos del infierno e hijos de satanás; cuando Shyam levanta su dedo índice y lo mese de lado a lado en lo que dice:
─Mi bello hermano mayor, ni lo pienses ─eleva una ceja antes de preguntar con sarcasmo─: ¿Es a tu madre a la que deseas insultar? Chico malo ─Observo con asombro, como hace un puchero la muy idiota cuando dice las últimas dos palabras.
No he terminado de digerir la actuación de mi hermana, cuando la exagerada carcajada que da Arthur, resuena en la habitación en lo que él baja de mi regazo de un salto ajustando su pantalón.
Me levanto cubriendo con mis manos mí rostro, tomo aire y les grito indignado.
─¿Qué pasa con ustedes? ─Observo de mala gana, primero a mi hermana y luego a su mellizo ─. ¡Son una maldita peste malévola! Y tú ─Señalo a Arthur antes de cuestionar su acción a todo pulmón─: ¿Cómo putas se te ocurrió aventarme un gas en mi cara? ¿en mí cara? ─me señalo, arrugo mi entrecejo, para después hacer puños mis manos logrando que mis nudillos queden muy blancos ─. Por los hijos que aún no voy a tener, les juro que los haré pagar todo y mi venganza será sin piedad alguna.
Un silencio cubre el lugar, silencio que yo mismo me encargo de romper cuando recuerdo sus demás actos.
─¡Ah! ─exclamé provocando que los dos se exaltaran, pero ignoro su acción y continúo. ─No contentos con todo esto, deciden tomarme fotos.
─¿Por qué a mí? ¿Qué hice para merecer esto? ─preguntó mirando al cielo y de rodillas, ¡sí! Sé que exagero, pero ellos me provocaron ─. Ni crean que esto se quedará así.
─¡Claro que no hermanito! ─me interrumpe Shyam mirando de manera cómplice a Arthur, quien me da una sonrisa ladeada antes de pronunciar sus caóticas palabras.
─Eso ─señala la cámara que sostiene el engendro de pelo n***o que tengo por hermana. Luego continúa con la misma risita pendeja de siempre.
─Es un momento emotivo hermanito. ─Abre sus brazos dando un giño a Shyam.
─Son tus 24 años ─dicen muy animados al unísono.
─Pensamos que debía ser épico ─comenta mi hermana haciendo un movimiento con sus cejas, movimiento que saca lo peor de mí.
─¿Qué? ─grito y me rio ante de decir─: ¿¡Épico!? Es una broma ¿verdad? ─Observo a ambos negar con su cabeza.
─Cada año para mí es épico o ya perdieron la memoria, si es así, hagamos un recorderis. ─Llevo mi mano en forma de puño a mi quijada, camino por el lugar y digo:
─Veamos… ─Doy la espalda ─. ¿Por cuál cumpleaños empiezo? ¡ah! Sí, ya lo recuerdo ─Levanto mi dedo pulgar para iniciar el conteo ─Cuando cumplí 19 años empezó mi tormento, todo gracias a ustedes insectos rastreros que me despertaron con un balde de agua, agua que sirvió de base fijadora para la harina con azúcar que aventaron sobre mí.
─Cumpleaños número 20 ─Enseño mi dedo índice ─, ingresaron a mi habitación con una vaca que llevaba en su cuello un moño rosa, reconozco que era muy bonita, pero la condenada dejó su excremento en mi alfombra como recuerdo.
─Si eso no es épico hermanitos, no sé lo que esa palabra significa para ustedes ─digo con mis facciones más relajadas, pero ellos ni lo notan, pues sus cabezas están levemente agachadas tratando de ocultar la risa.
─Cumpleaños 21 ─Alzo ahora mi dedo medio ─, llego a mi cuarto, pero el pobre está lleno velas, y globos de helio. Lo que no imaginaron fue que su majestuosa combinación, provocaría la destrucción de mi cuarto ¡estúpidos! Por eso ahora estoy instado en el ático.
─Pero…
─Shhhh ─digo interrumpiendo a Arthur en lo que coloco el dedo índice sobre mis labios. Él solo aprieta los suyos.
─Cumpleaños 22, por más seguridad que puse, nada, ¡maldita sea! Nada los detiene, es que, aún no puedo creer que se hayan atrevido a romper la cerradura e ingresar y llenar mi cuarto de grillos, cucarachas, ratones y mil bichos más que casi me matan, o es que, ¿olvidaron que soy alérgico a los insectos? ─Veo como afirman con la cabeza ─. Oh, verdad, ellos no lo sabían y por su culpa pase un mes en el maldito hospital.
─ ¡Si que eres exagerado! No te das cuenta que por tu naturaleza eso no te hubiese matado ─me interrumpe Shyam en tono burlesco.
─Cumpleaños 23 ─digo fuerte en lo que enseño mi dedo anular, siendo esta la forma con la que corto su habladuría, ─, una torta con marihuana acompañada por una bebida mezclada con laxante, ¡que idiota fui! Creí en sus palabras, «es para que nos perdones por todo» ─digo haciendo comillas con mis dedos.
─¿Saben la tarde que pasé? ─una pregunta a la que doy la respuesta muy enojado y sin permitir que alguno de ellos intervenga ─. Me hice en los pantalones, luego corrí por las escaleras diciendo que era Buzz Lightyear, lo peor no fue eso, fue que estaba toda la familia reunida.
─No estaba toda la familia, tampoco exageres que solo eran nuestros padres y nosotros ¿Cuál toda la familia? ─agrega Arthur en lo que observa sus uñas como si fuesen la cosa más importante en este momento.
─También estaban tío Varick, tío Antoine, El Beta y su esposa. ─indica animada Shyam contándolos con sus dedos.
─Pero igual son familia, así que no tienes de que preocuparte, pues tu secreto está a salvo con nosotros. ─En este momento siento que odio aún más a Arthur por lo que acaba de añadir tan feliz. Lo único que me provoca es partirle la cara, pero lo mejor será no dañar el lindo rostro del nene de mamá.
─Familia, es familia y fui la burla de todos ─Recordar ese momento aún me llena de vergüenza, ─¡Claro! Olvidaba que eso a ustedes los tiene sin cuidado, así como el hecho de grabar cada uno de mis cumpleaños. Pero me pregunto, ¿qué tan a salvo esta mi secreto? O, ¿Cuál de ellos es más épico? Porque para mí todos son una mierda, incluido este ─digo en tono elevado, mostrando todos los dedos de mi mano antes de hacer un puño que choca contra la pared.
Cuando deseaba continuar con mi gritería, ingresan los culpables de la vida de estos seres destructores, ¡sí! Mis bellos padres. Traen una torta, globos y un cartel de feliz cumpleaños. Antes de que ellos digan algo, mi hermanita se arroja a los brazos de mi padre.
─¿Qué fue esta vez? ─pregunta mi madre elevando una ceja.
Les cuento todo con la poca tranquilidad que me queda. Ellos solo abren los ojos como platos y luego se ríen, acción por la que los miro enojado. Solo escucho que dicen entre risas, que los entienda que son unos adolescentes y que es la manera de demostrar el gran amor que sienten por mí. Mis hermanos asienten con la cabeza para luego Arthur decir de manera hipócrita que ellos solo desean hacer de mis cumpleaños y vida algo especial, Shyam solo solloza aun en los brazos de mi padre.
─Es que Brei no nos entiende, no lo hacemos de malos, solo que él es muy aburrido. ─ «Si, cómo no hermanita».
Hasta la fecha no pensé que pudiese existir alguien tan falso como Arthur, pero ahora que veo a mi hermana me retracto, los dos son tal para cual. Ver como se limpia una lagrima imaginaria, hace que el sentido de amarla este en duda, ¿cómo puede fingir tan bien? Es que la muy teatrera ni lagrimas derrama, peor es ver a mi padre consolándola.
─Épico ¡si claro!, épico mis pelotas ─Recalco, abriendo mis ojos para darle exageración a mis palabras.
Ya completé 5 años de celebraciones tortuosas, pero para todos son solo bromas. Por eso el modo de expresar mi inconformidad frente a la majestuosa celebración de mi cumpleaños y el apoyo fallido de mis padres ante los sucesos, es el abandonar mi habitación ante su atenta mirada. Solo escuché como una risilla se les escapó inundando el cuarto de los desagradables sonidos emitidos por esos mocosos.
Decido ir a tomar aire a mi laboratorio, ese lugar me relaja, pero el impacto de mi lobo al fusionarse con mi cuerpo, por poco y hace que caiga de cara en el final del pasillo. Doy gracias a mis reflejos porque me ayudaron a tomarme de los barandales de las escaleras justo a tiempo, de lo contrario estaría bajándolas de rodadita.
─Bonita la hora de aparecer. ─digo enojado por el link a Rain, retomando mi camino.
─¡Perdón! No sabía que el señorito me requería con tanta prisa. Pero seamos honestos, sé que me extrañas, pues soy lo mejor que tienes, es lamentable que yo no pueda decir lo mismo.
─Vete a la mierda, Rain, no estoy de humor
─Precisamente a la mierda es a la que llegue, por otro lado ¿Cuándo es el día en el que estas de humor? ─«El día en el que te pueda castrar»
─Eres tan idiota que se te olvida que tus pensamientos son los míos y para castrarme solo necesitas desaparecer las canicas que adornan tu entrepierna, así le harías un favor al mundo de tener menos amargados faltos de sexo deambulando…
─ ¿Sabes lo que fue esta vez? ─digo cambiando de tema, en lo que atraigo su atención.
─¿Otra travesura? ─Asentí ─, ¿Qué fue ahora? Me imagino que fue algo realmente desagradable para que traigas ese geniecito.
─Cuándo han sido agradables. ─comento lo que es obvio.
─Ok, solo desahógate entelerido.
─Total, hace menos de 10 minutos ─respondí ignorando su comentario, pero sintiendo como la ira se hacía presente nuevamente en todo mi sistema ─. Fui nuevamente la burla de mis padres y hermanos.
─Como en cada cumpleaños.
─Ajá. ─es mi respuesta antes de iniciar mi triste historia, una de la que él se salvó.
Luego de contarle a la belleza de mi lobo todo lo sucedido y que él muy desconsiderado solo se riera, decidí pasar todo el día en el laboratorio, así no les vería la cara a mis hermanos ni a mis padres, quizá lo haría a la hora de la cena o quizá no, por mí que sea hasta mañana, por hoy creo que fue suficiente de celebraciones y de unión familiar o por lo menos fue lo que creí.
─Breiver que puedes pasar todo el día en tu fatídico laboratorio, pero que no olvides que madre te espera a las 7 en punto para la cena. ─los gritos de Arthur por el intercomunicador de mi laboratorio me recuerdan que mi festejo aún no termina.
─Ah, que no llegues tarde ─fue lo último que dijo antes de alejarse de mi zona de paz.