CAPITULO 11

1544 Palabras
                                                                                         CAPITULO 11                                                                                                   TINY                                                                                                  ******* Los días se me hacían eternos, volar a los estados unidos se había convertido en mi única salida para alejarme de Andrés Felipe, en los últimos días sentía vigilancia fuera de la casa, no solo yo mi abuela se dio cuenta de mi nerviosismo y el Jesús que traía mi madre en la boca todo el tiempo, la cara se caía de vergüenza, no era capaz de contarle que lo que tanto temió estaba sucediendo, un narcotraficante se había obsesionado conmigo. —Vos que tanto miras por la ventana Tiny Valentina Echeverría, ¿vos que me estas ocultando? Tonta no soy mija me doy cuenta que usted anda con muchos nervios y catalina llora por cada rincón de la casa. —No te preocupes abuelita. Lo siento mucho —estallando en lágrimas —. Vos siempre me aconsejo mantenerme lejos del cartel, lejos del peligro, pero la desesperación me llevo a cometer el peor error de mi vida abue. —¿Qué fue lo que usted hizo mija? No se habrá ido a meter al cartel de los Hidalgo —Mirándome fijamente mientras lloraba. ¿Por qué Tiny? Muñeca esto es muy peligroso. —Quería conseguir el dinero abuelita, no medí las consecuencias. Perdóneme. —Trate de sacarla de calero, enviarla con Andrea a Bogotá, vino fina amenazar a la familia  —interviniendo mamá. —Nosotras no importamos catalina, la niña sí. —No diga eso abuela, vea yo por ustedes haría lo que fuera. —¿Cómo así mentirosa? Si se fue a vender como algodón de feria con los Hidalgo —grito mamá —. Estas son las consecuencias de su error Tiny. —Miren a esta. No le hable así a la niña, ella no es ninguna prepago, usted a su edad tampoco escuchaba nada culi cagada, no me salió con una barriga de un man que más nunca vio ¿sí o qué?. Vos no sos como esas chicas que venden su cuerpo por placer mija, vos persigues un sueño desde que eras una peladita y estos hombres no van a pisotear su vida ¿me oyó? Recoja sus cosas, hoy mismo usted se va de Colombia, adelante el viaje, no se preocupe por su mama y por mí. —Yo no podría vivir con eso abuela. —No va vivir siendo el juguete de un narco, no va a lanzar sus sueños por un tubo, me oyó. Suba y recoja —Hágale caso a su abuela Tiny. La prefiero lejos —cerrando ventanas. Subí a mi habitación evidentemente muy asustada, el corazón palpitaba muy rápido mientras mi ropa entraba en aquella maleta, llena de miedos, acompañada de mis lágrimas, mis amigas entraron corriendo el pequeño trayecto de la puerta a la cama para abrazarme acompañando mi sufrimiento. —¿Vos estás loca  Tiny? Ese man va a matarla —comento Mabi, doblando la ropa. —Miren a esta, piensa en lo que el patrón quiere, ¿usted de qué lado esta mija? Doña Ofelia tiene razón, Tiny merece algo mejor que ser el juguete s****l del patrón. —¡Que mañe con usted Luciana!, acaso no se da cuenta que estamos en peligro todos, a Tiny nadie le puso un fierro en la cabeza mija para meterse en la cama del patrón. —Cállese Mabel, ¿vos no te das cuenta que estás hablando de tu mejor amiga? —replico Diana —. Vea Tiny, esta decisión es muy peligrosa, pero si es lo que usted desea y la hará feliz, cuenta conmigo amiga. Mi madre entro con sus ahorros, los cuales no quise aceptar, sabía que lo necesitarían para irse unos días a casa de mi tía en Bogotá, el peligro que arropaba a mi familia por mi partida de calero me aterraba, tome el dinero escondido bajo mi cama, ese último fajo de verdes entregado por el hombre de quien huía. Tenía que salir por la parte trasera de la casa, no podía creer que saliera de mi propio hogar como una delincuente huyendo del cartel, deseando cumplir con la vida que soñé desde que era solo una niña, mis amigas también saltaron ese gran paredón, mientras mi madre y mi abuela quedaron desoladas por mi partida repentina y poco planeada del país, tomamos un taxi hasta la terminal de buses, debía viajar hasta la ciudad para llegar al aeropuerto, nos abrazamos fuerte prometiéndonos volver a vernos. —No se preocupe amiga, todo saldrá bien —susurraba Luciana aferrada a mi cuerpo. —Las quiero mucho. Espero que podamos vernos pronto. —No mija, no llore, usted es una verraca ¿sí o qué? Cómase todos esos gringos de Harvard oyó, nada de mojigata que deja mal a Colombia —sonriente Diana. Entre al bus, tomando el asiento de la ventana, rezaba durante el camino lluvioso, me quede dormida por unos segundo hasta que sentí el bus detenerse había una alcabala revisando los autos, un susto se apodero de mi cuerpo, algo me decía que no era una revisión de rutina, del otro lado de la carretera vi estacionarse tres camionetas negras, de esas lujosas que usaba el cartel, vi bajar a vario de los hombres que cuidaban de los hermanos, el que más susto me daba era Tyson, lagrimas incontrolables salían de mis ojos, venían asesinarme, la puerta del bus se abrió, entrando Tyson en compañía de cebolla, me agache en un intento estúpido de esconderme. —Que hubo pareceros, me disculpo por detener su tan placentero viaje, ¿sí o qué? Pero estoy buscando a la pollita del patrón, fíjate mijo ese man hijo e puta, la quiere lanzar a los cocodrilos porque la vieja se le abrió, muy tontita esa pelada, en medallo no pasa nada que el patrón no sepa pues. Sus pasos los escuchaba acercarse lentamente, me miro con su particular sonrisa moviendo la cabeza de un lado a otro, en desaprobación. —Por favor dígale que no me encontró —en un intento desesperado por tocar una fibra sensible de su corazón. Tomo su celular y marco. —La tengo patrón. Si señor —cortando la llamada —. Pelada bruta, rece mija para que este man no la lance a una de sus mascotas exóticas ¿Qué dijo? me escapo del Diablo en un mendigo autobús, no mija el patrón tiene oídos y ojos en todo el país. Me tomo por el brazo, mientras las miradas y comentarios de todos los pasajeros se clavaban en mí, me daba cuenta en cuestión de segundo que la vida se me había acabado probablemente sea mi último día en aquel mundo maldito por un cartel, era mi culpa estaba consciente de eso, pero las personas como yo tomamos decisiones desesperadas en momentos de mucha tensión, no pensé que esto pudiera sucederme a mí nunca, el camino se me hacía eterno, mientras aquella funda negra se humedecía con mis lágrimas, cuando apartaron la funda de mi rostro, estaba frente al lago, a través del vidrio lo vi con cara de pocos amigos, el miedo me consumió de tal manera que me costaba incluso caminar, recordé las palabras de miguel Alejandro sobre los cocodrilos, hasta darme cuenta que en sus manos tenia uno pequeño, cerca de lo que parecía una jaula roja suspendida a unas guayas aéreas con las que se podía llegar al otro extremo. —Vos crees que estoy jugando ¿sí o qué? —con mucha calma —. Entra a la jaula. —No Andrés Felipe por favor —suplicando. —Miren a esta ¿Qué dijo?. Se lo advertí hija de puta, pero al parecer usted cree que el patrón está jugando —tomándome por mi larga cabellera de forma violenta, haciéndome entrar aquella jaula donde me percate inmediatamente que había un cadáver ensangrentado. Con el control que tenía en su mano puso en marcha el deslizamiento de la jaula hacia el centro del lago, la sangre llamaba aquellos animales deseosos de carne, mis gritos retumbando, podía sentir los filosos dientes rozar mis pies, sentí un ataque de pánico nublando todo lo que me rodeaba, al recobrar el conocimiento mi cuerpo agotado reposaba en una cama de la finca.  — ¿Te sientes bien? —comento mona, la esposa de Miguel Alejandro —. Siento mucho lo que pasaste, debió ser aterrador. —Nunca había sentido tanto miedo, creo que fue mi peor día. El entro a la habitación con la misma actitud que tenía en el lago.  —Nos vemos luego —abrazando a su cuñado, susurro en su oído que no fuera tan cruel conmigo. —Yo no estoy jugando mija, lo próximo en hacer si cometes otra estupidez, es ponerle una bomba en la casa de doña catalina. ¿Vos queres eso?. Negué en silencio, incluso las palabras me costaba articular, no pondría en peligro a las mujeres más importante en mi mundo por culpa de un error por el cual solo debía pagar yo, estaba segura que mis sueños y mi vida habían acabado el día que pise la finca del cartel Hidalgo, el día que decidí meterme en la cama de este hombre con la inocencia de que solo pasaría una vez. Diccionario paisa: Mañe: Mal gusto. Fierro: Arma de fuego.
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