Soy Carlos, y han pasado diez años desde aquellas locuras en Salou que os conté en mis relatos anteriores. Ahora tengo 31 años, y la vida me ha dado un buen repaso. Ya no soy el chaval impulsivo de 21 que se dejaba llevar por el morbo y las fiestas. He madurado a hostias, literalmente. Terminé mis estudios de ingeniería mecánica hace unos años, pero nunca pude ejercer. Mi pasado me persigue como una sombra jodida. Ahora estoy preparando oposiciones para la administración del Estado, técnico en el Ministerio de Fomento. Creo que ya saqué una plaza en la última convocatoria, pero las notas definitivas aún no han salido, y hay otra oposición en unos meses, así que sigo estudiando por si acaso. No quiero jugármela. Esta mañana, como todas, me levanté temprano en esta casa vieja que heredamos

