Su torso estaba extendido sobre la mesa, con los brazos a los costados. Sus nalgas estaban en lo alto, en la posición perfecta para mí. Era como si la mesa hubiera sido hecha para esto y no para comer. Y lo que podía ver entre sus piernas abiertas me excitaba más de lo que creía posible. Era su pequeña abertura, con sus carnosos labios enmarcándola. Por dentro estaría lubricada con sus fluidos femeninos, permitiendo que mi polla "gigante" se deslizara fácilmente dentro. Mientras la penetraba, la sujeté por las caderas con ambas manos, y solo me detuve cuando ya no tenía más que dar. Era lo que le había hecho cientos de veces, pero el sonido que emitía me decía que aún la excitaba. "Ahora, querido Peter, muéstrame lo que puedes hacer". Ella me estaba desafiando y yo estaba preparado para

