—Te amo— susurró suavemente, besándome en la cabeza. Cuando subió las escaleras, sentí que se me humedecían los ojos, pero esta vez no era de alegría. Papá me había hecho correrme, y ahora estábamos a mano. Eso era todo. Me limpié en el baño y pasé el resto de la noche en mi habitación. Por primera vez, sentí el dolor del rechazo. Había ignorado fríamente a los hombres cuando perdí el interés, así que quizá me lo merecía. Quería ir al bar y chuparle la polla a algún tío, pero ya ni siquiera me sentía excitada. Lo único que sentía era frustración. Me encogí por dentro cuando papá y mamá llamaron a mi puerta, y después de llamarlos, me dieron un beso de buenas noches. No hubo ni un guiño ni un beso demasiado cerca de papá, aunque fácilmente podría haberlo hecho. Fue un pequeño consuelo no

