Una sonrisa se formó en su rostro mientras retiraba su pene desinflado. —Joder, eso fue intenso— gimió mientras sus ojos brillaban con dulce diversión al mirar el resultado de la manipulación de mi coño. Nos quedamos en silencio durante los siguientes veinte minutos mientras él yacía a mi lado. Jadeábamos, nos besábamos, nos tocábamos... Puede que papá no sea romántico en el calor del momento, pero sin duda lo fue después. —¿Dejarás de tener sexo con otros hombres ahora que he hecho esto?— finalmente rompió el silencio. —Sí.— Se rió un poco de mi respuesta de una sola palabra. «Aunque hubieras dicho que no, no te habría escuchado. Solo yo puedo domar ese coñito tuyo tan estrecho. Y no te hagas ilusiones, Amelia. Si de verdad quieres a mis hijos, no te acuestes con cualquiera. No quier

