Verán, uno de los efectos inesperados de hacer tanto ejercicio fue que, al mismo tiempo que notaba las miradas de admiración que recibía de desconocidos, también notaba el ligero cambio en las miradas de mi esposa. No me malinterpreten, ella sabe lo mucho que me he esforzado, ha notado los cambios, como que he bajado de talla de pantalón y he necesitado camisas más ajustadas a mi físico. Pero no me correspondía con las miradas intensas que recibía de las mujeres en la calle. Seguía saludándome, dándome un beso en la mejilla, recordándome pequeñas cosas de vez en cuando. Nada. Lo que sí cambió fue la forma en que veía a Willow. Me di cuenta de que su edad se notaba. Su cuerpo estaba flácido. Arrugas en su rostro, más allá de las patas de gallo que ambas compartíamos. Y no hacía nada para e

