Me sentía incómoda, no por él, sino por la situación, el primer beso, y sobre todo por el segundo. Al que le correspondí. Una parte de mí aceptaba que le había gustado, pero la otra me repetía que estaba mal. Mi mente estaba totalmente confundida, sin tener claridad alguna. Apenas llegamos a casa, mi hermana Carolina enseguida preguntó: —¿Cómo les fue, Sara? — La miré con una mirada de pocos amigos, que hasta ella se sorprendió, y sin decir más, subí a mi habitación. Mientras yo… subía las escaleras, decía: —Vaya, Sara, siempre con tu mal genio… mejor no hubiera preguntado nada. —Pues, ¿qué quieres que te diga? ¡¡¡Que Papá me beso, no una, si no dos dos veces!!!! y en la segunda yo le correspondí… puede que hasta me haya gustado…eso repetía una y otra vez en mi mente. Me quedé encerr

