—¡Me voy de esta casa! ¡Los denuncio a los dos! ¡A la policía, a todo el mundo! ¡Esto es incesto, es asqueroso, es… es…! —Las palabras se ahogaron en un sollozo final, la voz quebrándose en un gemido ronco que se convirtió en un llanto descontrolado, el cuerpo derrumbándose contra el marco de la puerta como si las piernas hubieran cedido bajo el peso de la furia agotada, las manos cubriéndose el rostro en un gesto inútil de escudo, los dedos entreabiertos permitiendo que las lágrimas se filtraran entre ellos, mientras el baño entero parecía cerrarse a su alrededor en un claustro de vapor y secretos rotos, el aire espeso cargado ahora con el olor salado de su propio llanto mezclado al hedor primal del sexo. Se derrumbó contra la pared del baño, el impacto sordo de su espalda chocando contr

