Aunque las manos de Matteo Diávolo Barone se encontraban fijas en Catrina, estas se encontraban temblando, ella tenía los ojos cerrados y el ruido de la pirotecnia no los perturbaba. —Deberíamos volver. —Murmuró ella. Él la presionó duramente apoyando su barbilla en el hombro de la joven. —Para ese juego tuyo con Máximo. —Pidió acariciando su cuello con la nariz, provocando un escalofrío en Catrina. —Estás…temblando. —Ella giró levemente su rostro, de pronto no quedaban muchos motivos para mantenerse cerca de Máximo y lejos de Matteo, de repente sus labios eran lo único que existía. —Te lo daría todo. —Agregó, ella frunció el ceño ligeramente. —Matteo tengo que confesarte algo. —Él negó con la cabeza brevemente, con su mano acaricio el marco del rostro de Catrina. —No me digas nada.

