Flashback
CATRINA
Mucho se habla acerca de lo difícil que son los dieciséis, pero nadie me advirtió que sería tan terrible. Estar acostada en mi cama todo el día esperando a que el maldito verano termine se ha convertido en mi pan de cada día, por lo menos con la preparatoria me ocupo en mantener la nota para complacer a mis padres, pero ¿En esta silenciosa y fría casa en la que tengo que estar sola todo el tiempo? ¿Qué demonios puedo hacer cuando nací con unos padres tan sobreprotectores?
No siempre he sido tan indiferente, pero las circunstancias en las que me tocaron vivir me han convertido en una persona bastante emocional y solitaria, es decir que pocas cosas me interesan, pero cuando lo hacen se convierten en algo así como una obsesión para mí.
—Ya son las doce. —Me digo a sí misma en el silencio de mi habitación, tengo ojeras a pesar de que he dormido por horas, el problema es que no lo hago en la noche y por ende siempre parezco moribunda. —Demonios… —Agregué en un tono bajo de voz levantándome.
Aunque no me encuentro muy conforme conmigo misma por seguir en pijama y sin haber tomado una ducha, no tengo la fuerza para hacer otra cosa además de acostarme al lado de mi cama en el suelo junto con mis pinturas y un lienzo en blanco, es mi único escape.
Tengo el pincel en mi mano, pero nada emerge, estoy en blanco. — ¿Catrina, corazón? —No alzo la mirada a pesar de escuchar la voz de papá, él se encuentra apoyado en la enorme puerta de mi habitación, primero no lo veo más que de reojo porque estoy molesta con él, no me ha permitido ir al campamento de verano con mis amigos por cuestiones de seguridad y casi no le he dirigido la palabra debido a ello.
— ¿Mmm? —Susurro pretendiendo pintar, aunque nada se me ocurre. Estoy molesta con él, ha arruinado mi oportunidad de conocer nuevas personas, salir de esta prisión, por “seguridad”, dice él, pero sé que sólo pretende que no viva mi propia vida. Siempre ha sido igual de celoso, quiere a su familia con él todo el tiempo, que nadie tanga ni siquiera un poco de diversión.
—Hija, te quiero presentar a alguien… —Dice, un carraspeo me saca de mi ensoñación.
Giro de manera apresurada mi cabeza hacia la puerta y me doy cuenta con pena que papá no está solo, sino acompañado por un hermoso espécimen vistiendo de manera formal. Se ve mayor, seguro va a la universidad, tiene el cabello castaño al igual que yo y unos profundos ojos amarillos.
—Creo que es mejor si los…dejo solos, tú preséntate, será mejor. —Papá tiene una apariencia ansiosa, casi como si no quisiera dejarnos, en realidad. —Él va a quedarse en casa este verano, hija. —De nuevo tengo un presentimiento debido a que no puedo evitar notar algo extraño en papá, aunque me preocupa más lo mal que me veo al lado del acompañante con el que él llegó.
Papá me mira una vez con cierta incertidumbre, enseguida al muchacho, al que palmea con su mano sobre su hombro un par de veces con una sonrisa nerviosa, finalmente desaparece y el silencio asalta a la habitación entera, tengo que hacer algo antes de que se vuelva incómodo, pero no me atrevo.
La impresión apenas me permite moverme. No me he bañado en dos días, mi cabello está hecho un nudo, es medio día y sigo en pijama, en cambio él, quienquiera que sea, está vistiendo un traje que, aunque aparenta ser antiguo, le queda a la perfección, huele a jabón y menta cuando se acerca.
Me siento humillada. —Hola Catrina, llevo mucho tiempo ansiando conocerte. —Él camina lentamente por mi habitación. —Es un bonito lugar, te representa a la perfección. —Admitió, su tono de voz parece perfectamente medido, lleno de confianza y calma. Tiene todo en orden, en cambio yo soy un manojo de nervios y no sé qué hacer.
Sus ojos inspeccionan la habitación entera, parece molesto por algo, pero mantiene una sonrisa inerte en sus labios. Sostiene ambas manos detrás de su cuerpo mientras camina de un lado a otro mirando cada detalle.
—Hablas como si me conocieras. —Él sonríe como si escondiera un secreto que me llena de curiosidad. Yo entrecierro los ojos y ladeo la cabeza. — ¿Me conoces? —Me obligo a preguntar, él asiente con la cabeza explorando con sus grandes y expectantes ojos toda mi habitación, me hace sentir que apenas nota mi existencia, pero al mismo tiempo tiene toda su atención en mi persona. Eso me confunde.
—Sí, Catrina. —Murmura finalmente parándose frente a mí con sus manos detrás del cuerpo emanando la seguridad que seguro a mí me falta, es decir, todavía no he tenido la valentía de levantarme. Lentamente, apoyando sus manos sobre las rodillas se pone en cuclillas frente a mí. —Te conozco desde que eras una pequeña niña. —Su tono me provoca un escalofrío.
— ¿Eres amigo de la familia? —Otra sonrisa falsa se asoma en sus labios, casi bufa pero finalmente opta por continuar con su extraño silencio, aunque en un principio me confundía que no me viera ahora preferiría que no lo estuviera haciendo, ya que no parece perder detalle en mi rostro. —Te ríes mucho de mis preguntas, pero no es normal que papá permita a alguien entrar a casa, por eso siento curiosidad. —Él cierra los ojos lentamente y vuelve a mirarme.
—Ya sé. —Responde en un chasquido, parece molesto por algo. —No comienzas a imaginarte lo que tuve que pasar para llegar hasta aquí…por ti. —Finaliza con un brillo que me provoca estremecimiento. ¿Por mí? ¿Por qué alguien como él haría lo que fuera para acercarse a mí? Me parece imposible e ilógico, pero le permito continuar a pesar de que no entiendo absolutamente nada. —Soy Seth. Seth L. Greco. —Sonrío pensando en que su manera de vestir y expresarse me recuerda al agente 007, pretendo una mirada seria, no quiero verme aniñada a su alrededor.
—Catrina Leone. —Tomo la dura decisión de sentarme, sólo así puedo darle un apretón de manos con él. Una sonrisa fría se asoma de nuevo de sus labios, sus parpados tiemblan cuando lo hace. Es extraño la manera en la que parece estar en perfecto control y al mismo tiempo parece perder la razón por unos segundos por unos segundos de vez en cuando.
—Parece que no quedó muy claro que yo sé exactamente quién eres. —Me siento vulnerable por su seguridad y la manera en la que se acerca a mí, sus ojos ámbar penetran en los míos y tiemblo, nunca había experimentado una sensación como esta.
—Eso...veo. —Me atrevo a decir, sus ojos brillan, no pierden detalle de mí. Él es impresionante, no es sólo que sea apuesto como el infierno, porque lo es, sino que además su manera pulcra y seguridad al hablar y mirarme me hacen sentir una extraña sensación en el centro del estómago.
Sonrío ligeramente ante la idea de que alguien como él fijara sus ojos en alguien como yo. Ni siquiera tendría motivos para sentirme nerviosa, después de todo él jamás se fijaría en mí. Aquello me provoca por un momento un poco de seguridad, aunque no demasiada.
—Finalmente… —Empieza. —…Te conozco formalmente, mi secretísima Catrina. Ya no vamos a volver a sentirnos solos. —Aquello me toma por sorpresa y del mismo modo me quebranta, es como si leyera mis pensamientos, es como si supiera lo sola que me he sentido, de pronto una sensación de sosiego me ataca, él parece ser una persona segura, en la que puedo confiar.
— ¿Secretísima? —Cuestiono ya que me resulta un extraño adjetivo. Él libera mi mano y pasa de encontrarse en cuclillas a estar sentado en el suelo, de pronto parece tan vulnerable como yo. Su pantalón de vestir se mancha un poco con mi pintura amarilla, pero no digo nada, tal vez eso lo incomodaría, prefiero que se dé cuenta después, aunque, de nuevo, quiero reír un poco.
Un pensamiento me asalta ¿Cómo es que papá ha permitido que esté sola con un hombre desconocido en mi habitación? Ni siquiera me es permitido salir demasiado por protección, ¿Qué tiene Seth que puede estar conmigo así, tan cerca? Una vez más una sensación de confianza y tranquilidad me asalta, él debe de ser bueno, tan bueno que papá confía en él.
—Secretísima Catrina. —Sonríe tomando una de mis pinturas en sus suaves manos. Manteniendo sus ojos en lo que pinté él continúa hablando, me siento un poco más tranquila de no estar siendo vista por sus amarillos y penetrantes ojos. —Eres la hija perfecta de la perfectísima familia Leone, sin embargo, sé que del mismo modo eres mucho más que eso, pero nadie quiere verlo.
—Es verdad. —Respondo porque tiene razón, ni siquiera me cuestiono demasiado cómo es que sabe tanto sobre mí, pues la idea parece algo emocionante, me gusta pensar que soy de algún modo importante, debo serlo si él quiere saber tanto sobre mi persona. —Piensan que sólo soy una niña, quieren que sea la perfecta Catrina, tienen mi vida planeada.
Él me mira, por primera vez parece emocionado por algo, algo que no consigo descifrar, pero sonrío también.
—Pero tú vas a romper todas sus reglas. —Sonríe, — ¿No es cierto? —Parpadeo hacia él, nunca me lo había cuestionado…Pero parece imposible. No cumplir las expectativas de mis padres me aterra. —Tus pinturas lo dicen, aunque todavía no lo sepas. —Murmura mirando una de ellas, mi favorita, me siento orgullosa que haya tomado esa de entre todas.
En ella me autorretraté a mí misma, lo único realista en la pintura son mis ojos llenos de sufrimiento, rojos y con lágrimas, el resto parece un errático boceto, pero lo hice de ese modo con toda la intención, debido a que mi vida ahora mismo es eso, un errático boceto. — ¿Secretísima, entonces? —Pregunto con una sonrisa, él me la regresa, me extiende la pintura y acerca su mano a la mía y aunque no tienen contacto, tiemblo.
—Mi secretísima Catrina. —Un pequeño tono lleno de diversión en su timbre me provoca una mirada tímida. Él parece estar… ¿Coqueteando conmigo? ¿Por qué haría algo como eso? Él es guapísimo, maduro, pulcro ¿Y yo? El errático boceto que vio en mi obra. Aparte me ha dicho suya, aunque siento emoción, del mismo modo un nudo se aloja en mi estómago, puedo presentir mi apresurado descenso.
— ¿Qué edad tienes? —Pido saber, ya que un hombre mayor, tan mayor como Seth aparenta, no debería estar coqueteando con una adolescente. Siento miedo de que él lo vea de ese modo, pues, aunque mi familia siempre me ha advertido que salga con personas de mi edad, a mí realmente nunca me ha interesado. Por eso Seth es tan intrigante, lo quiero cerca, pero ¿Y si él no, por mi edad? Prefiero aclarar eso de una vez para quitar eso del camino, antes de empezar a fantasear con él.
—Veintitrés años. —Responde de manera seca, de pronto parece molesto por la pregunta. Siento alivio, tan sólo son unos cuantos años, por su apariencia tan seria hubiera imaginado que tendría al menos treinta. — ¿Y tú? —Pregunta con una sonrisa y sin mucho humor.
—Creí que sabías todo mí. —Le digo un tanto a la defensiva. Él me contempla con un rostro inexpresivo, parpadea lentamente hacia mí como si estuviera decepcionado y de pronto me siento vulnerable, asustada ¿Qué he hecho? Estúpida, estúpida yo.
El silencio inunda la habitación antera y quiero salir corriendo, no debí preguntar eso ¿Cómo es que pensé que sería buena idea? Es que he sido tan tonta. Después de respirar profundo continúa:
—Tienes dieciséis, el dos de diciembre cumples diecisiete. —Su voz enronquecida provoca un escalofrío que me recorre todo el tiempo. —Te he dicho la verdad, sé todo de ti, sólo esperaba que mintieras… —Agrega, extrañada frunzo el ceño. ¿Por qué querría tal cosa? La intriga me asalta.
— ¿Por qué mentiría? —Demando saber, sintiéndome extrañada. Él mete sus manos sobre los bolsillos, se levanta con una mirada sombría, yo lo hago junto con él sintiendo un nudo en el estómago ¿Se va? ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué pretendería que mienta? —Por favor dime. —Pedí intentando retenerlo, él me miró, de nuevo su confianza me quiebra, parece tan seguro, incluso de mis reacciones.
—No importa, eres demasiado ingenua. —Sonríe de manera torcida, me siento abochornada y ofendida. Camino hacia él cuando este se aproxima hacia la puerta.
—No soy ingenua, soy sí honesta. No quiero mentirte nunca —Él asiente con la cabeza un par de veces, sus ojos viajan a los míos por un momento, ladea la cabeza lentamente, de nuevo parece fuera de sus cabales.
— ¿No me vas a mentir nunca, Catrina? —Preguntó. —Después de todo estaré por aquí todo el verano, tienes muchas oportunidades para hacerlo. —Me apresuro en negar con la cabeza.
—No te mentiría nunca. —Respondo inmediatamente. Él cierra los ojos y respira profundo, parece triste, molesto, emocionado…todo en una misma mirada que debo soportar.
—Eso es. —Murmura y continúa con su andar, no había tenido contacto en tanto tiempo con ninguna persona ajena al personal de la casa y mi familia que de pronto la ansiedad me asalta. — ¿Volverás? ¿Vendrás a verme? —Pregunto en un tono desesperado.
Él se regresa hacia mí con una sonrisa pintada, llena de descaro y secretos que seguro no piensa compartir conmigo. Tiemblo de nuevo cuando sus rojizos y mojados labios se acercan a mi rostro, pero no retrocedo, quiero que piense que soy madura, que puedo manejarlo, aunque nunca he sido besada.
—Volveré si tú me lo pides, Catrina. —Murmuró finalmente cerca mi oído, trago saliva y cierro los ojos, su voz ha sonado tan seductora que mis rodillas me tiemblan y él parece notarlo. —Si lo quieres entonces dilo, de no ser así también exijo saberlo. —Su tono autoritario provoca en mí una sensación que no reconozco.
Existe un silencio, él no se ha movido un musculo de mi cercanía, ni siquiera me atrevo a verlo a los ojos, puedo sentir su calor corporal sobre mí y eso me desarma. — ¿Y bien? —Pide saber en un tono poco paciente.
—Sí, por favor vuelve. —Suplico, una sonrisa llena de suficiencia se asoma en sus labios, por lo que asiente con la cabeza un par de veces y deposita un suave beso sobre mi mejilla, cierro los ojos con fuerza.
—Buena niña. —Susurra y finalmente, como por arte de magia y sin que yo pueda advertirlo, desaparece como si de un fantasma se hubiera tratado. Apoyo mi cuerpo sobre una de las paredes de mi habitación y apenas puedo respirar.
Seth L. Greco, has venido a desestabilizar toda mi ausente paz.
Buena niña, resuena sobre mi cabeza y todavía no comprendo lo que he sentido cuando lo ha dicho, estando tan cerca de mí, con esa sonrisa llena de seguridad. Debí verme como una imbécil a su lado, pero no me importa. Quiero que vuelva…él…me entiende.
Él me entiende.
Él…me entiende…
Él…me…entiende…
Él…
Él…
— ¡No! —Grito despertando de el mismo horrible sueño. Todo mi cuerpo suda, de nuevo tengo veintidós años, no soy esa ingenua niña de 16 que se creía absolutamente cada palabra de Seth. —Él no te entiende, Catrina. —Quiero gritarlo, intentar de algún modo llegar a esa joven Catrina, tan necesitada de cariño, tan solitaria.
Me levanto sintiendo el ruido de mi sueño sobre mis oídos. Sus ojos amarillos de nuevo están en mi cabeza y me cuesta regresar en mí. Busco entre mis cosas de manera desesperada el maldito cuadro, es mi única forma de recordar quién era antes de que él llegara a mi vida a pesar de ser un recuerdo triste.
Finalmente después de unos minutos tengo en mis manos la misma pintura que Seth tomó en sus manos el día que nos conocimos, mi autorretrato errático, esa era yo, años atrás, ahora soy una persona completamente diferente y él no puede hacerme más daño, no.
—Ay, Catrina… —Susurro sentándome en el suelo sintiendo un nudo en la garganta. No voy a llorar, me he jurado que no lo haría nunca más desde que me fui de casa, pero es que cada vez que lo sueño me siento débil otra vez.
Yo era su niña buena, y de pronto siento asco.
Su niña buena, maldito enfermo de mierda ¿Por qué después de tanto tiempo me resulta imposible sacarme su voz de la cabeza diciéndome niña buena en situaciones malditamente retorcidas? No debí haber vivido todo eso, era tan joven…era tan joven, maldita sea ¡¿qué carajos hiciste conmigo, Seth?!
No grito, a pesar de que es lo que quiero porque sé que despertaré a Melquiades o a doña Lola, asustarlos no está en mis planes porque ellos tienden a interrogarme cuando esto sucede.
No pienso dejarme envolver por los recuerdos por lo que inmediatamente, sintiendo un ligero temblor en mis manos, busco un nuevo lienzo, lo necesito, de algún modo. Tomo la pintura que usaré y pongo un espejo viejo frente a mi rostro. —Su niña buena y una mierda. —Susurro mientras comienzo a plasmarme a mí misma, sola, mía.
Una sonrisa se asoma sobre mis labios, de nuevo soy mía, los sueños comienzan a limpiarse de mi mente, ya no está, él ya se fue. A veces pienso que continúa con su contienda, que sigue detrás de mis talones intentando alcanzarme, pero en estos últimos años sé que he bajado la guardia, pues su silencio ha sido un amable grito de que por fin puedo ser libre.
No he querido volver a aferrarme del todo al resto. Tal vez cometí un error pues me encariñé con Marena ya que fue mi primera amiga en esta ciudad, sin embargo, ella es la excepción a una enorme regla que me he establecido a mí misma.
Así fue con Seth, me aferré a él por la idea que me creé de su persona y es debido a eso que ahora me encuentro aquí, tan lejos como me ha sido posible. Si nunca lo hubiera dejado entrar, si tan sólo hubiera sido lo suficientemente inteligente como para elegir mantenerme lejos, nada de esto habría sucedido.
Pero nuevamente el hubiera no existe y ahora mismo sólo somos mi arte y yo, de alguna manera tan cercanos, tan distantes.
A veces pienso que lo que me sucede no es otra cosa además de estrés post traumático, eso tiene más sentido pues resulta poco común los recuerdos tan vivos que tengo sobre él en mis pesadillas. Es tan extraño pensar que si lo intento ahora no puedo ni siquiera imaginar su voz…pero si cierro los ojos y comienzo a dormitar incluso puedo sentir sus manos sobre mí.
Era una niña, él lo sabía.
Mi mano tiembla ligeramente, en la madrugada siempre es igual, peor. Durante el día me siento fuerte, yo misma, pero en las noches, siempre que sueño con él, vuelvo a hacerme pequeñita y temo que si un día me encuentro con él no tendré la fortaleza para enfrentarlo, a pesar de que he intentado forjarme un carácter, el suficiente para no dejarlo dañarme nunca más.
En la mañana vuelvo a cometer el mismo error de todas las semanas: al abrir el periódico del día, en la sección se clasificado se encuentra ahí un breve mensaje de mis padres:
“Lo hemos resuelto, todo, por favor regresa flaquita. — Beatriz y Antonio L.”
Al leerlo mis ojos se llenan de pequeñas lágrimas y un nudo llena mi garganta, apenas puedo respirar, pero no puedo evitar leerlo una y otra vez sintiendo mi corazón latir frenético.
Hago el recorte apresuradamente procurando no ser vista por nadie, consigo esconderlo entre las páginas del mismo libro en el cual he guardado el resto de los recortes con mensajes similares a este.