CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO: SCOTT LEWIS Me estoy calzando las botas cuando mi madre entra en la habitación—. Hija, iremos a pasar la tarde en un spa —informa, señalando a Priscila y a Alisson. Me alegra que se hallan vuelto tan unidas. Quién hubiera pensado, que hace un mes, Priscila me lanzaba cuchillos con la mirada—. Nos preguntábamos si querrías venir. — Lo siento, mamá —me disculpo tomando mi bolso—. No puedo. Otro día será. — ¿A dónde vas? —indaga con las manos colocadas alrededor de su cintura—. Y más te vale que no sea lo que estoy pensando. — Lamento decepcionarte —la miro fijamente. Por supuesto que lo sabe. Llevo días insistiendo en el tema, pero se niegan a dejarme ir—. Ya que nadie quiere llevarme, iré sola. — ¡Amanda Lien Roldan! —me reprende—. Detente en este preciso mom

