EPÍLOGO: EL COMIENZO DE LA HISTORIA Me remuevo intranquila en mi sitio. Estoy nerviosa. Creo nunca he sentido tantos nervios; ni siquiera cuando nació Eddy. Definitivamente, en ese momento el terror le ganó a los demás sentimientos. Solo tenía treinta y una semanas de gestación, sangraba y sudaba con la misma intensidad y no dejaba de gritar histérica >. — Amy —mi mejor amiga se acerca—. Tranquilízate, por favor. Hemos practicado las preguntas un montón de veces. Relájate. — Me resulta imposible, Becks —replico. — Vamos a hacer algo —propone—. Olvídate de la cámara. — Como si fuera posible —bufo. — Solo mírame —indica—. Concéntrate en mirarme y olvídate el resto. Suspiro—. De acuerdo. Lo intentaré. — Todos preparados —escucho la voz del director—. Estamos al aire en tres, dos, u

