CAPÍTULO DOCE: UNA CITA Amelia estaba furiosa. Podía sentir la sangre correr por sus venas, hasta concentrarse en su rostro. Salió huyendo de aquel lugar. Pero Golden no se daría por vencido tan fácilmente. La interceptó en medio del corredor y la acorraló contra su cuerpo. Se enfrentaban el uno al otro con la mirada. Él se acercó demasiado, ella no pudo resistirse. Fue en ese preciso instante, en el cual comprendió que no solo estaba furiosa, estaba dolida. Sus palabras le dolían, porque sentía algo más allá del deseo. No sabría como llamarle —aun no estaba preparada para dar ese paso—; pero por el momento, se entregaría a la pasión que envolvía a ambos. Y aquel corredor fue testigo de sus gemidos y de su primera reconciliación. Leo cuidadosamente cada palabra. El viaje a España fue

