Ese murio

1591 Palabras
-Kilian. —a los segundo la puerta se abrió y allí estaban ellos. -¿estás bien? —pregunté al ver Kilian. -Si, pero Kira está herida. — entre a paso veloz y incline frente a ella que permanecía sentada en el suelo. Vi la venda en su brazo y no perdí tiempo en revisar que tan grave era. -Es solo una rozadura. — informó Kilian a lo que solo asentí. -Debemos irnos ahora. —informe pero ella no hacía nada solo me miraba fijamente. -puedes caminar. —pregunté. -No puedo levantarme. —respondió con voz temblorosa. Busque heridas en sus piernas pero no había nada. -Creo que está en shock. —comentó Kilian. -Kilian tu guía el camino. —la tomé en brazos indicando a Kilian avanzar. -No quiero morir Sean. —su voz salió asustada mientras hundía su cabeza en mi cuello, aquello me envió una corriente eléctrica por todo el cuerpo, mi entrepierna empezó a despertar y yo solo respire para ignorar aquel deseo que despertó en mí. -No vas a morir, ahora estás conmigo y yo no dejaré que nadie te haga daño, eso te lo aseguro. —se aferró más a mí y en ese instante me sentí como aquel chico de 18 años al cual ella le entregó su primera vez. Habían pasado 10 años pero con ese toque volví a sentirme como aquella época, que clase de broma del destino era está, en todos estos años ninguna me había hecho sentir igual y ahora aparece ella, que se supone que deba hacer. -¿A dónde señor? —indagó Kilian a subir al auto. -Vamos a casa. — respondí mientras me aseguraba de que Kira abroche su cinturón. -algún problema Kilian. —pregunté al notar su mirada en mí-. -Ninguno. — respondió mientras arrancaba el auto. Al llegar lleve a Kira a la habitación la coloque en la cama y salí hablar con Kilian, lo de hoy no dejaba de rondar mi cabeza, algo extraño estaba pasando. -Tienes que investigar qué está pasando, si solo querían matarla porque un despliegue tan grande de hombres, aquí pasa algo más. —él asintió ante mi comentario. -Ellos venían a llevársela, los escuche decirlo, dijeron que la necesitaban con vida. -Investiga a fondo, sea lo que sea debo saberlo cuánto antes, mientras tanto se quedará aquí, necesito tenerla vigilada, en este lugar están las personas de más confianza, nos turnaremos entre nosotros. — Kilian asintió y se marchó. No venían a ajustar cuentas, venían a llevarla ¿porque motivo?, que no sabía o que no me había dicho Ana, o Kira estaría involucrada en algo que no sabía. Debía llegar al fondo, no me gustaba ésto, debía desconfiar de todos, hasta de ella, hasta no saber la verdad ella también era parte del problema. Kira Estaba asustada, en mi vida nunca pensé estar en medio de algo así, en un día mi vida había cambiado de manera drástica pasé de ser una simple diseñadora de un pequeño poblado, para estar ahora envuelto en enredos de mafias y peor aún envuelta por mi propia hermana, debió ser honesta conmigo y decirme en lo que estaba metida, ahora estoy en medio de algo que ni siquiera pedí y encima de todo ahora Sean, todo es tan confuso, no puedo entender como ese chico se convirtió en el hombre que es ahora, tenia tantas dudas y muchísimas ganas de preguntarle, pero al ver su actitud dudo mucho que responda a ellas. Seguía en la misma posición en la que me había dejado, aún sentía mis piernas temblar, me quedé allí sumergida en mis pensamientos hasta que lo vi entrar en la habitación, traía consigo una pequeña maleta de las que usan los médicos, seguí con la mirada cada paso que daba, tenía un porte de superioridad que paralizaba, la forma en cómo se desplazaba por la habitación lo hacía verse tan perfecto. Sin duda lograría minimizar a cualquiera a su alrededor, pero aquello no funcionaba conmigo, lo conocía, aún recordaba aquel chico, amable y sonriente, tenía una dulzura única, siempre pendiente de los demás y dispuesta a dar una mano amiga a quien la necesitará, y ahora parecía ser todo lo opuesto a eso, no sé que tanto había pasado en su vida pero al juzgar por su actitud debió ser muy fuerte para hacerlo abandonar sus sueños y aspiraciones y convertirse en esto. -Tengo que suturar la herida. —dijo aquello y empezó a sacar todo tipo de cosas del maletín. -debes cambiarte estás llena de sangre. — dijo está vez apartando la vista de los implementos que acomodaba en la cama para verme fijamente. Yo seguía sin decir nada, ni siquiera hice intento de moverme, respiró de forma pesada mientras se acercaba más a mí. -Kira ¿estás escuchando? —tomo mi mandíbula entre su mano para hacer que lo viera a los ojos. -¿puedes cambiarte o necesitas que también lo haga yo? De pronto me ví en sus brazos otra vez, y siendo ingresada al baño. Me puso de pie, mientras me sostenía por la cintura con una de sus manos, y con la otra prendía la regadera. -No es para tanto, podrías al menos hablar. — dijo de forma molesta. -No todos estamos acostumbrados a vivir rodeados de balas y muertos. —le dije de la forma más grosera posible. -no soy una mafiosa de mierda. —resopló más molesto de lo que ya estaba. -Pues gracias a este mafioso de mierda sigues respirando, deberías ser más agradecida. -Mas agradecida. —repetí sus palabras con total sarcasmo.-debieron dejarme seguir con mi vida como ya la tenía decidida, me arruinaron todo y ahora esperas que te agradezca. -De no ser por el sacrificio de Ana, estarías muerta, ella solo volvió por ti. — escuché aquello y fue como una apuñalada a los profundo de mi ser. -De no ser por ti ella nunca hubiera entrado a esta vida, si alguien es culpable de todo eres tu. —arremetí contra él. -Sabes algo Kira, no tengo la paciencia ni las ganas para soportar esto. —soltó su agarre de mi cintura y me dio la espalda. -será mejor que te mantengas en silencio, te desnudes y entres a la regadera. Hice lo que dijo, con un poco de dificultad, pero luego de varios minutos había logrado bañarme, pero al salir note que no había ropa que ponerme solo una pequeña toalla, resople frustrada, me envolví en ella y volví a la habitación, al ingresar estaba de pie frente a la ventana. Al sentir mi presencia se dió la vuelta, recorrió mi cuerpo sin reparo, sentí como si estuviese viendo a través de la tela que cubría mi cuerpo con dificultad. -¿Te gusta lo que ves Valek? —cuestione al notar que no dejaba de verme. -No estoy seguro, la toalla estorba. —dijo de manera cínica. -Quitala entonces. —dije mientras caminaba hacia él, talvez con sexo podría convencerlo de dejarme ir. -No juegues con fuego Kira, no me provoques. —me advirtió. -Pensé que el gran Valek no le temía a nada. —río con ironía, y yo sentí como un hormigueo recorría mi cuerpo. -Sé lo que haces y no va a funcionar, no lograrás que te deje ir. — me crucé de brazos al escuchar su respuesta. -Al menos lo intente. —volví a la cama a qué terminará de curar mi herida. Lo observé hacer todo el procedimiento, no dude en negarme, Sean estudiaba medicina y era muy bueno y sobresaliente en clase, soñaba con ser un gran cirujano, solía escucharlo hablar de cómo pondría su propio consultorio, y de cómo salvaría vidas. -Debiste luchar por tu sueño de ser médico. —dije luego de verlo terminar y vendar mi brazo. -Ese sueño murió hace mucho. -Te rendiste Sean, dejaste que alguien más decidiera tu vida. -No tienes idea de como pasaron las cosas, no todos tenemos suerte Kira, tuviste a alguien que dió todo por qué tú pudieras cumplir tus metas, el resto no tuvimos opción. -Siempre hay otra opción, no entiendo cómo te convertiste en esto, soñabas con salvar vidas y ahora la quitas. Dónde está ese Sean, el optimista, que luchaba por ser mejor cada día, te veo y no logró entenderte. -No necesito que me entiendas, despierta Kira la vida no es color rosa, algunos no tenemos más opción o no nos dejan tenerla. Si tú vida fue perfecta estos años te felicito, no todos pudimos lograr eso. -En algún momento vas a dejar de comportarte de esa manera. —odiaba la forma en cómo me miraba y me hablaba. -parece que me odias. -No te odio, solo acostumbrate, este soy yo ahora, ese Sean del que hablas ya no existe, lo mataron hace 10 años junto a todos sus sueños y aspiraciones. Se puso de pie y caminó a la puerta, listo para marcharse, sentí pesar en mi corazón, tenía razón la vida no siempre era justa, y el destino tenía maneras extrañas de proceder. Baje de la cama y camine de manera rápida hacia él, mis brazos rodearon su cintura, sentí el impulso de hacerlo. Él solo se detuvo y quedó paralizado, no dijo nada tampoco movió ni un músculo. -Tienes razón, no tengo idea por lo que tuviste que pasar, me alegra saber que estás bien aunque ya no seas el mismo de antes. Pero tienes que entender que para mí siempre serás ese y no esté que ahora te empeñas en ser.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR