Dylan ayudó al profesor a levantarse, y por más que traté de que no me afectara, muy en el fondo fue imposible. —Ahora, ¿si se da cuenta? —Ese paso lo quitamos. Se echaba fresco. Por un momento crucé mirada con Dylan y se puso serio al verme, le sonreí, pero a ¿quién le estoy mintiendo? Si no estuviera gorda no pasaría estas vainas. Mi mamá también se percató de mi sonrisa fingida. —Continuemos. Intervino mi amigo, mis amigos me quieren, ellos no se burlaron por malas personas, entiendo, con cualquiera lo habría hecho. Ni en una película de comedia quedaría tan bien la escena, en este caso tengo dos opciones, o me pongo a llorar o me pongo a reír y no era partidaria de llorar. Suficiente con ser gorda para que ahora sea llorona. ¡Pues no!, lloro por dentro, por fuera me hago bullyi

