—Hay algo pequeño debajo del árbol para ti —digo en voz baja. "Awww... pero no te conseguí nada... quiero decir, ¿qué le regalas al hombre que te folla casualmente... cuando además es el amigo de tu hermana?" Su sonrisa es tan diabólica que ahora quiero atraerla hacia mí y besarla. "Seguro que puedes darme algo más tarde", le digo. "Ya sabes, ese regalo que siempre da". "Hoy no, señor... hoy no", niega con la cabeza en énfasis y me preocupa lo sincera que es. Ari empuja sus manos contra mi pecho antes de girar sobre sus talones para dirigirse hacia el árbol grandioso, pero de plástico, que se encuentra en la esquina de la habitación. Mi mano derecha le da una palmada rápida y firme en el trasero, el sonido de la bofetada es bastante fuerte. Veo a Ari morderse el labio y soltar un gri

