CAPÍTULO 5: EL REY EN EL PALACIO DE CRISTAL

1279 Palabras
La mañana en las oficinas centrales de Tri-Heart Empire comenzó como cualquier otra, con el zumbido de las computadoras y el aroma a café premium. Sin embargo, a las diez en punto, el aire pareció ionizarse. Las puertas de cristal de la entrada principal se deslizaron y el tiempo se detuvo. Alaric Vontobel entró no como un inversor, sino como un monarca reclamando su territorio. Vestía un traje de tres piezas en color gris carbón que resaltaba la anchura de sus hombros y su estatura de gigante. Cada paso de sus zapatos de cuero hecho a mano resonaba con autoridad. Detrás de él, Demián y seis hombres más, todos de aspecto letal, caminaban en formación. Todas las empleadas, desde la recepción hasta las analistas de alto nivel, se quedaron petrificadas. Algunas dejaron caer sus carpetas; otras simplemente se olvidaron de cómo respirar. Alaric no miraba a nadie, su objetivo era el ascensor privado, pero una figura familiar le bloqueó el paso. El Abuelo Silas Black estaba allí, apoyado en su bastón de mando, observando al intruso con ojos entrecerrados. —Señor Vontobel —dijo Silas con voz de trueno—. Mi nieta me habló de su... "visita" inesperada de anoche. Necesito hablar seriamente con usted antes de que ponga un pie en el despacho de la CEO. Alaric se detuvo y, para sorpresa de todos, inclinó levemente la cabeza en un gesto de respeto genuino hacia el anciano. —Señor Black. He oído mucho sobre su sabiduría —respondió Alaric con su barítono profundo—. No tengo ningún problema en hablar con usted. Demián, adelántate. Yo alcanzaré a Angelina en un momento. EL DESPACHO DE LAS REVELACIONES Mientras tanto, en el último piso, Angelina intentaba concentrarse en un reporte financiero, pero sus manos temblaban. Sus cuatro amigas —Carla, Sofía, Elena y Valeria— entraron de golpe en su despacho, casi derribando la puerta. —¡Angie! ¡Tienes que asomarte por la ventana o poner las cámaras de seguridad ahora mismo! —gritó Carla, abanicándose con la mano—. ¡Acaba de entrar un monumento de hombre a la empresa! —Es irreal —añadió Sofía, con los ojos como platos—. Todas las empleadas están en shock. Hay una chica en contabilidad que literalmente se desmayó. Es más grande que un edificio, guapísimo... parece un dios griego con ganas de cometer pecados. Angelina sintió una punzada punzante de celos que la recorrió como fuego. El solo pensamiento de otras mujeres babeando por Alaric la puso furiosa. —¡Ya basta! —espetó Angelina, poniéndose de pie—. Es solo un hombre de negocios. No tienen por qué ponerse así. —¿"Solo un hombre"? —Valeria se rió—. Angi, ese hombre emana sexo y poder. Angelina caminó hacia la ventana, tratando de ocultar su agitación, y sin darse cuenta de que sus amigas estaban justo detrás, susurró lo que creía que era un pensamiento privado: —Eso me pasa por fijarme en alguien como él... pero es que ahora está más guapo, más grandote... Dios, las noches que debe dar ese hombre... El silencio que siguió fue sepulcral. Angelina se congeló al darse cuenta de que lo había dicho en voz alta. Se giró lentamente, encontrando a sus cuatro amigas con la boca abierta, petrificadas. —¿Te... te comiste a ese monumento de hombre? —gritó Carla, rompiendo el silencio con un chillido de emoción. —¡No me lo creo! —exclamó Sofía, llevándose las manos a la cabeza. —¿Cuándo? ¿Dónde? —preguntó Valeria, acercándose peligrosamente. —No me digas... —Elena la miró con intensidad—, ¿no me digas que ese monumento es el "Leo" del crucero? ¿El hombre por el que lloraste en secreto durante meses? Angelina se puso del color de un tomate maduro. Sus amigas no sabían lo de los niños, pero sí sabían que su viaje de hace ocho años la había cambiado para siempre. —Fue hace mucho tiempo... —balbuceó Angelina, pero su mente ya estaba volando hacia atrás, hacia el azul infinito del Caribe. EL JUEGO DE LA SEDUCCIÓN (HACE 8 AÑOS) Después del primer baile, el crucero Aura de los Mares se convirtió en un tablero de ajedrez. Angelina, bajo el nombre de Elena, intentaba evitar a "Leo", pero él parecía estar en todas partes. La segunda noche, después de una cena aburrida con el tal Víctor (quien resultó ser un tipo engreído que solo hablaba de sus caballos), Angelina se escapó a la zona de la piscina climatizada a medianoche. Pensó que estaría sola, pero el agua ya estaba ocupada. Alaric estaba nadando. Sus hombros anchos cortaban el agua con una potencia asombrosa. Cuando la vio, se impulsó hacia el borde y salió del agua como un depredador emergiendo del abismo. Las gotas de agua resbalaban por sus abdominales perfectamente marcados y sus tatuajes ocultos que solo se veían bajo la luz de la luna. —Víctor no es hombre para ti, Elena —dijo él, sin siquiera saludar, mientras se secaba con una toalla negra. —¿Cómo sabes quién es él? ¿Y qué te hace pensar que puedes decirme qué es bueno para mí? —desafió ella, aunque sus ojos no podían dejar de recorrer su cuerpo. Alaric se acercó, quedando a solo unos centímetros. El calor de su cuerpo mojado contrastaba con la brisa fría de la noche. —Sé todo lo que necesito saber —susurró, tomando un mechón de su cabello rubio—. Sé que cuando él te toca el brazo, te encoges. Y sé que cuando yo te miro, tu pulso se acelera tanto que puedo verlo en tu cuello. Él no la besó esa noche. Solo le dio un beso suave en la frente y le susurró: "Mañana, Elena. Mañana dejarás de jugar a la niña buena". Esa noche, Angelina no pudo dormir. El deseo era una enfermedad que empezaba a consumirla, y el misterio de aquel hombre de ojos de tigre era la única cura que deseaba. PRESENTE: MANHATTAN —¡Angie! ¡Responde! —insistió Carla, sacándola del recuerdo—. ¿Él es el padre? Antes de que Angelina pudiera inventar una mentira, la puerta de su despacho se abrió de par en par. La secretaria ni siquiera tuvo tiempo de anunciarlo. Alaric entró, y el despacho que antes parecía grande, de repente se sintió pequeño. Sus amigas se quedaron mudas, alineándose contra la pared como soldados asustados pero fascinados. Alaric ignoró a las cuatro mujeres y clavó sus ojos de tigre directamente en Angelina. —Tu abuelo es un hombre interesante, Angelina —dijo Alaric, ignorando el protocolo—. Me ha advertido que si te hago daño, tiene suficientes contactos para hacerme la vida difícil. Me agrada. Se acercó al escritorio, apoyando sus manos grandes sobre la superficie, atrapándola con su presencia. —Ahora, amigas de mi "Elena"... —dijo Alaric, lanzando una mirada fugaz a las chicas que casi se desmayan al oír su voz—, si nos disculpan, tengo asuntos pendientes con su jefa que no pueden esperar. Las amigas salieron disparadas, tropezando entre ellas, cerrando la puerta tras de sí. Angelina se quedó sola con él, el corazón latiéndole en la garganta. —¿"Asuntos pendientes", Alaric? —preguntó ella, tratando de recuperar su valor—. No tenemos nada de qué hablar. —Oh, lo tenemos —él rodeó el escritorio—. Tenemos ocho años de silencio que llenar. Y tenemos que hablar de por qué hay tres niños de 7 años en este edificio que tienen mi mirada y tu valentía.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR