-Sí, señorita, tranquila. Está en un hospital, no en una playa. -me regaño el médico por el ruido. Suspiré aliviada- Pero está muy débil. Quizá no pase de esta noche. -y ahí de nuevo la tensión y preocupación- Está todo fuera de nuestras manos. Hicimos lo posible por salvarlo. Ahora es decisión de Dios. Si pasa de esta noche, las posibilidades de que viva son mayores. -¿Puedo entrar a verlo? -pregunté con miedo- -Sí, habitación ciento siete. Sólo una persona puede entrar y quedarse. -Yo iré. Gracias -miré a papá y a Ty- Vayan a casa, por favor. Deben descansar. -¿Y tú? Jemma, a ti te secuestraron y casi te matan hace menos de siete horas. Eres tú la que va a descansar. -dijo Tyler mirándome- -No, Ty. Yo estoy bien. Estoy entrenada para resistir. Tú no. Y si crees que no me quedaré, es

