James Collins. — ¿Acaso estás demente? ¡Eres un imbécil pervertido! ¿En que se ha convenido mi amigo? Eres un monstro— Alonso me reprende en cada oración. — ¡Ay ya por favor! Ahórrate todos tus choros y mejor dame consejos para que ella me acepte— él soltó una carcajada. —¿Aceptarte? ¿En serio? ¿Ayudarte? Tendría que ayudarla a ella para que te refunda en la cárcel. Pero como eres tú, sé que básicamente, es imposible meterte a la cárcel— —Estás en lo correcto— sonrío arrogante— Camino hasta el minibar que tiene y me sirvo una copa de licor. — ¿Por qué no intentas algo con alguien de tu edad? ¿Quizás Angélica? Esa mujer parecía muy interesada en ¿además está muy buenita— me hace gestos indicando las curvas de su cuerpo y rio a carcajadas— ¿o por qué no a alguien más? No es necesario

