CAPÍTULO TREINTA Y TRES Blake no podía entender lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos. Una cosa era ver aproximarse un ejército de vampiros. Eso era impresionante por sí solo. Pero otra muy distinta era ver a los hombres de McCleod -guerreros humanos a quienes habían aprendido a apreciar y confiar- traicionarlos y atacarlos. No había ninguna duda al respecto: Blake distinguía los ceños fruncidos en sus rostros y, por la forma en que se lanzaban hacia el castillo, se trataba de una emboscada. Blake estaba en el techo del castillo con los hombres de Aiden, otros vampiros que conocía y apreciaba -Taylor y Tyler y Caine y Barbara, y decenas de otros más- junto con docenas de otros vampiros que habían asistido a la boda; sabía que su causa era desesperada. Los superaban terriblemente en

