Donovan demoró más de lo que creyó posible llegar al hotel, ni siquiera fue consciente de cómo llegó. Aunque frente a Charlotte se había mostrado sereno y maduro. Su corazón está destrozado por todo lo perdido. Abrió la puerta de la habitación deseando que su hermana estuviera dormida. No deseaba que ella lo mirara en ese estado tan deplorable, sólo necesitaba un poco de tiempo para recuperarse de ese boomerang de emociones que le embargaban. Pero su suerte no podía ser mejor al encontrarse con Louisa sentada en el sillón de la pequeña sala de la suite que compartían. Tenía un vaso de whisky en las manos y sus ojos estaban rojos e hinchados por las lágrimas que mojaban sus mejillas. —¿Qué sucede? —preguntó Donovan acercándose a ella. —¿Qué te ha pasado Louisa? —insistió ahora con preocu

