Donovan se bañó y vistió con prisa, observó el reloj en su pulsera y maldijo. Se había quedado dormido, pero… ¿Quién no lo haría después de llorar como un bebé durante varias horas? Aun así, debía darse prisa, tenía una cita a la que no podía faltar. Debía pasar la mañana con los gemelos, empezar a buscar una casa para trasladarse a vivir y empezar a acomodar su vida de tal manera que la mayor parte del tiempo fuera para sus hijos. Mientras tanto Charlotte no podía apartar la mirada de la puerta desde que llegó esa mañana, había estado pendiente del momento en el que Donovan llegara. No debería, pero evitarlo no podía, convirtiéndola en el blanco de las bromas de Harry desde que amaneció ese día. —Aparta la mirada de la puerta de una buena vez o le darás ideas equivocadas al pobre hombre

