Charlotte terminó de limpiar la cocina, botó los panecillos que se le habían quemado esa mañana por culpa de Donovan. «Claro la culpa es del pobre hombre, ¿Cuál fue su crimen esta vez?» le preguntó su conciencia haciendo que Charlotte gruñera como si fuera un animal rabioso. —¡Llegó tarde! —se dijo mientras fregaba con más fuerza de la necesaria, Ann llegó a creer que la isla iba a romperse por la fuerza empleada de su jefa. —¿Quién llegó tarde? —preguntó la joven creyendo que se trataba de ella o de Antón, aunque este último hoy no tenía trabajo. —Nada, no es nada Ann, déjame que estoy más loca que una cabra —dijo con una ligera sonrisa y no mentía desde la aparición de Donovan de nuevo en su vida, su mundo perfecto se había convertido en un patas arriba. No solo su mundo sino también

