El día transcurrió sin incidentes. Salvo por los turistas felices y los clientes habituales que entraban, desde que habían instalado esa zona de juegos recibían más mamás y papás con bebés en el café. Lo cual era bueno para el negocio. Era casi las 7 de la tarde y recién estaban empezando a cerrar cuando Maddie llamó su atención, suspirando con ese aire soñador. Ana se giró para mirarla y luego siguió la dirección de su mirada. Ya no estaban cocinando y cerrarían por completo en solo diez minutos, aunque al ver a ese Alfa caminando hacia allí con su Beta, sabía que Maddie iba a mantener el café abierto todo el tiempo que ese hombre quisiera quedarse. Vio al Alfa Austin empujar la puerta y sonreírle a una Maddie de ojos soñadores, que estaba apoyada sobre ambos codos en el mostrador, mirá

