CAPITULO 4
El alfa Patrick se acercó a ellos para saludarlos como sus invitados especiales. Cuando vio a las chicas, se presentó con gran respeto y les dijo a los invitados:
–Ellos son mis invitados especiales, por favor háganlos sentir como en casa.
Malkael y Patrick se dieron un saludo cordial, como los viejos amigos que eran.
–Un placer tenerlos aquí con nosotros –le dijo Patrick a la familia del alfa Malkael–. En un momento les presento a mi familia, deben estar por aquí.
Patrick alzó la mano hacia un grupo de personas que estaban cerca y se acercaron más. Era una joven de unos veinticuatro años que llevaba de la mano a un niño de unos seis años, y los acompañaba un hombre alto e imponente de unos treinta años.
Cuando las chicas los vieron, eran los mismos que habían visto en el parque. Neriam quedó sorprendida al verlos acercarse y se sintió extrañamente nerviosa.
–Les presento a mis hijos: Mariam, Christofer y Gabriel –dijo el alfa Patrick.
–Vaya, qué sorpresa, son ustedes de nuevo –dijo Mónica.
Patrick, Anastasia y Malkael se sorprendieron un poco por las palabras de Mónica.
–¿De dónde se conocen? –preguntó Malkael.
–Nos conocimos esta tarde en el parque –respondió Gabriel. Su tono de voz cautivó a Neriam, quien aún estaba en silencio, solo observando la gran casualidad.
–Lamento no habernos presentado antes. Mi nombre es Gabriel Morrins –dijo, estrechando la mano con Anastasia, luego con Mónica, y después miró a Neriam con la mano estirada.
Pero Neriam estaba perpleja y no había levantado la mano. Malkael aclaró su garganta para sacar a Neriam de sus pensamientos, y esta miró a su padre, quien le hizo una seña con la mirada para que saludara.
Neriam de inmediato estrechó la mano de Gabriel y, al tocarlo, sintió que una chispa de electricidad cruzó por su cuerpo.
–Mucho gusto, mi nombre es Neriam –dijo un poco nerviosa. No sabía por qué ese hombre la hacía sentir tan rara.
Mónica enlazó a Neriam por el vínculo de la manada y le dijo:
Guau, el hombre guapo, Neri. Son sus hermanos y nosotros pensando que eran esposos.
Neriam no respondió nada y cerró el enlace con su hermana.
Aún con la mano de Gabriel entre la suya, ambos se quedaron más de lo necesario con las manos unidas.
Patrick y Malkael se dieron miradas cómplices, como pensando: ya está hecho, estos dos se van a casar.
Neriam y Gabriel estaban cautivos el uno del otro. Sin ser parejas destinadas, sentían una conexión única y especial a primera vista. Pasaron toda la velada conociéndose uno al otro, haciendo preguntas triviales y bailando.
Un rato más tarde, en el balcón, ambos estaban tomando un poco de aire fresco, lejos de la multitud de la fiesta, y Gabriel le dijo a Neriam:
–Te quiero confesar algo.
Neriam lo miró con atención y con su mirada le hizo un gesto para que continuara hablando.
–La verdad, no quería casarme con alguien que no conocía, pero entiendo por qué nuestras familias nos empujaron a tomar esta decisión. Ahora que te conozco, creo que las cosas entre nosotros podrían marchar bien. ¿Tú qué opinas?
Neriam sonrió y le dijo a Gabriel:
–Pues yo tampoco quería un matrimonio así y realmente creí que te odiaría al conocerte, pero no sé… también pienso que podría funcionar, aunque aún es pronto para decirlo, ¿no crees?
Gabriel se puso frente a ella, la miró a los ojos, tomó sus manos y dijo:
–Neriam, eres una mujer hermosa, inteligente y capaz.
–¿Cómo sabes todo eso si apenas me estás conociendo? –dijo Neriam.
Sé escuchar, y he escuchado puras cosas maravillosas de ti que mi padre me decía para convencerme de aceptar la boda. Pero ahora que te veo, tus palabras y tu presencia me demuestran que estoy delante de mi futura esposa. Claro, si tú me lo permites.
–Gabriel, la verdad te seré muy honesta. Lo que me has contado de ti me agrada y físicamente me gustas. Además, siento algo en mi panza, como cosquillas, desde que te vi por primera vez. Pero el matrimonio es más que eso.
–Pues realmente de eso se trata: de atracción, amor, apoyo incondicional y comprensión, así no siempre estemos de acuerdo con nuestras ideas.
Si tú me das la oportunidad, te haré feliz, eso te lo prometo por mi honor.
Neriam sonrió y dijo:
–Está bien, quizás pueda funcionar.
La velada transcurrió sin problemas. Al llegar la hora de la despedida, ambos se acercaron a sus padres y les dijeron que sí iban a continuar con la alianza por el matrimonio. Los padres estaban agradecidos de que todo hubiese salido como ambas familias habían querido.
Malkael regresó al día siguiente a la manada de Luna Llena con su familia.
Dos meses después, entre visitas constantes de Gabriel a Neriam, se llevó a cabo la fiesta de compromiso, y un año después se casaron.
Ese día, Neriam lucía hermosa, más que nunca. Ambas familias se unieron para que los futuros esposos compartieran los anillos y cerraran el compromiso. Fue fenomenal. Continuaron muy unidos; Gabriel era amoroso y detallista, logró fácilmente conquistar el corazón de Neriam.
Cuando tenían un año de casados, ambos tomaron el control de las manadas de sus padres y formaron una sola manada, ganando territorio y más poder para ambas familias. Neriam y Gabriel llamaron a la nueva manada Robur (fuerza sólida).
Ambos lucharon codo a codo por no perder su territorio, ya que las batallas eran tan fuertes que creyeron que sin el otro no hubiesen podido defender a sus familias. Neriam era la estratega principal en cada batalla.
Gabriel no quería que ella se arriesgara, pero ella le demostró que era una guerrera extraordinaria. Tanto así que, cuando Gabriel vio a Nyxara, la loba de Neriam, por primera vez, quedó asombrado ante lo magnífica, imponente y aterradora que era.
–Amor, tienes que prometerme que si la cosa se pone fea te irás en uno de los helicópteros. No quiero perderte en una batalla, Neriam, ¿entendiste? –dijo Gabriel mirándola a los ojos.
–Mi amado esposo, yo no estoy dispuesta a morir, así que no te preocupes por eso. Sé que la batalla que está por empezar será devastadora, pero creo que este será el cierre de tantas masacres. Demostraremos de qué estamos hechos y, aunque mil alfas se unan contra nosotros, no nos vencerán jamás.
Neriam trataba de tranquilizar a Gabriel, ya que él estaba más nervioso de lo habitual.
–Neri, no quiero que vayas al campo de batalla hoy, por favor. Tengo un mal presentimiento.
–Gabriel, escúchame con atención. Hoy no caeré y jamás te dejaré solo. Somos un equipo y necesito que dejes esos miedos atrás y me prometas que estarás concentrado en la batalla, porque si sigues así podrías perder el norte de la estrategia que planeé para el contraataque de los invasores que quieren tomar nuestras tierras.
Gabriel asintió y se puso serio. Sabía que lo que Neriam decía era verdad, aunque en su interior sentía que algo estaba por ocurrir… algo que lo cambiaría todo.