CAPÍTULO 34
—Tienes una hija encantadora, consejero Kael.
—Gracias, mi señora. Un poco imprudente, diría yo.
Todos sonrieron ante el comentario.
La noche avanzaba con paso firme. Neriam pasó gran parte del tiempo conversando con los asistentes a la celebración; todos se acercaban a saludarla y a brindarle respeto.
Ángel mantenía su distancia, pero cada vez que podía mirarla lo hacía. Su corazón le decía que había algo más que un simple lazo, algo que lo hacía sentir demasiado cuando se trataba de Neriam.
Todos disfrutaban la velada cuando el alfa Kael se acercó a ella.
—Mi señora, tengo algo importante que comentarte sobre la investigación del alfa Marco. ¿Podrías darme unos minutos a solas con tus oficiales?
—Por supuesto, consejero. Vayamos a un lugar más tranquilo.
Neriam indicó a Ronal, Marco y Ángel que los siguieran.
Entraron en una sala apartada y tomaron asiento.
—Cuéntanos, consejero, ¿qué resultados arrojó tu investigación? —dijo Ronal mientras se sentaba.
—La verdad, lo que ustedes me dieron ayudó mucho. Por lo que pude averiguar, el alfa Marco estaba intentando que el antiguo consejo tuviera más votos en las decisiones de nuestra Señora.
—Bueno, eso es lo que obtuvieron bajo el mando de la propia Señora del Norte —dijo Ángel.
—No exactamente. Él no quería lo que se obtuvo; quería que el consejo pudiera sustituir a la actual Señora si consideraban que su trabajo no rendía frutos.
—Eso es absurdo, alfa Kael. El Norte no ha sido más próspero que en este momento. ¿Qué más podrían exigirle a nuestra Señora? —respondió gamma Marco con indignación.
—Eso todos lo sabemos, pero también sabemos que muchos cuestionan su liderazgo solo por ser una mujer.
Neriam habló finalmente:
—Eso todos lo sabemos. El miedo de muchos es que, a partir de mi mandato, estoy abriendo las puertas a otras mujeres para ser líderes. La mayoría de quienes piensan así temen ser desplazados por mujeres que pueden dar mucho más que ellos.
—Exactamente. Esa es la misma deducción a la que yo llegué. Jamás en otro tiempo han querido que un Señor otorgue poder sobre su mandato. Esto es algo personal directamente contra la alfa Neriam —respondió Kael.
—Bueno, ¿y qué piensas hacer ahora? ¿Cómo procederá el consejo?
—Actualmente estamos estudiando las leyes para poner fin a esto. Ningún Señor o Señora en el futuro será cuestionado a menos que realmente use su poder para jactarse de beneficios propios. Y aquel que trate de sabotear el liderazgo de un Señor tendrá que enfrentarse a una corte —continuó Kael.
Hizo una breve pausa antes de añadir:
—Por el momento hay algo importante que deben saber. El alfa Marco vendió todas sus pertenencias en el Norte y se marchó, supuestamente al Sur, por motivos de salud. O al menos eso dijo a sus allegados.
El silencio cayó en la habitación.
—¿Estás seguro de eso? —preguntó Neriam.
—Sí, mi señora. Ya no se encuentra en nuestro territorio. Se marchó hace unos días. No sabemos si fue para evadir la responsabilidad de sus actos, si realmente se fue por salud… o si simplemente no quería vivir bajo su mandato.
—Esté donde esté, tendrá que enfrentar sus actos. Aparte de promover falsas acusaciones contra su Señorío, estaba intentando formar motines en algunos sectores del Norte.
—Eso es algo de lo que no me fío. Cuando un lobo herido se esconde es para fortalecerse y luego volver a atacar —respondió Neriam, poniéndose de pie.
—Lo mejor es averiguar exactamente dónde está y mantenerlo vigilado —dijo Ángel.
Todos estuvieron de acuerdo y dieron por terminada la reunión.
Cuando regresaban a la celebración, percibieron una gran conmoción en la entrada del evento. Neriam y los demás caminaron hacia el alboroto. Mónica, al verlos, también se acercó.
Un hombre se había desmayado en la entrada. Estaba cubierto de cenizas y desnudo; era evidente que había corrido en su forma de lobo. Ángel se apresuró a atenderlo.
El hombre reaccionó y buscó entre la multitud a Neriam.
—Mi Señora… la casa… la casa… de la manada…
Mónica sintió un miedo atroz.
—¿QUÉ PASÓ EN LA CASA? ¡RESPONDE!
—La casa está envuelta en llamas…
—¡NOOO! ¡GAEL! ¡NERIAM! ¡GAEL!
Mónica perdió el sentido y cayó en los brazos de Ronal.
Un frío recorrió la espalda de Neriam. Sintió un terror real. Gael estaba en la casa.
—Alisten los vehículos —ordenó.
Muchos salieron corriendo. Ronal cargó a Mónica en brazos y subió a un vehículo junto a Neriam. Gamma Marco y Ángel los siguieron en otros autos. Varios alfas más hicieron lo mismo; todos querían ayudar.
—Apresúrate, debemos llegar rápido —dijo Neriam al chofer.
La casa de la manada estaba a quince minutos del lugar, pero cada segundo parecía una eternidad. Mónica recuperó el sentido entre llantos y gritos, pronunciando el nombre de Gael. Ronal y Neriam intentaban calmarla, aunque ellos mismos estaban aterrados.
A la distancia ya se veía el caos. El fuego se alzaba devorando la casa principal, donde estaban Gael y la madre de Ronal.
El corazón de Neriam se contrajo.
Al bajar de los vehículos, Ronal intentó correr hacia el fuego para entrar en la casa, pero Neriam lo detuvo. Ángel y Marco tuvieron que intervenir para sujetarlo. La casa era un infierno; entrar significaba morir. Mónica se derrumbó, gritando desconsolada.
Neriam se acercó a los guardias que intentaban sofocar las llamas.
—¿Dónde está Gael? ¿Alguien lo sacó de la casa?
Los guardias tragaron saliva, aterrados.
—¡HABLEN, MALDITA SEA!
—Mi Señora… el fuego inició muy rápido. Muchos no lograron salir a tiempo…
El suelo pareció desaparecer bajo sus pies.
—¡NOOO! ¡GAEL! ¡MI BEBÉ!
Mónica estaba destrozada. Ronal lloraba sosteniéndola, creyendo que su madre y su hijo habían sido consumidos por el fuego.
Entonces, en medio del caos, Neriam escuchó algo sutil.
—¡CÁLLENSE TODOS!
Su autoridad alfa emanó con fuerza y el silencio fue inmediato.
Era apenas un sonido, pero su oído lo percibió. Cambió a su forma de lobo para escuchar mejor.
—Lo escucho… —dijo por el enlace mental.
Salió corriendo. Los demás hicieron lo mismo, transformándose para seguir a Nyxara.
Nyxara rodeó la casa guiada por su oído y su olfato. Su corazón latía con violencia. Se internó en la oscuridad a gran velocidad, dejando a todos atrás.
Gruñó y aulló al llegar a un sendero detrás de la casa. Allí había una mujer parcialmente quemada, sosteniendo algo envuelto en una manta cubierta de hollín.
Nyxara aulló para que los demás la localizaran y volvió a su forma humana.
La mujer aún respiraba con dificultad. Era la madre de Ronal.
Neriam tomó el bulto entre sus brazos.
Gael lloraba, sofocado por la manta húmeda que lo protegía del fuego.
Neriam lo desenvolvió. Al verla, el bebé dejó de llorar y le sonrió.
—Mi precioso Gael… aquí estoy, bebé…
El niño dio pequeños saltos de alegría en sus brazos.
Los demás llegaron. Mónica volvió a su forma humana y tomó a Gael; él rió al verla. Ronal cayó de rodillas junto a su madre inconsciente.
—Madre…
Ángel regresó a su forma humana y la examinó.
—Está viva, pero respira con dificultad. Tiene quemaduras en brazos y espalda. Hay que llevarla a un hospital cuanto antes.
Gamma Marco y Ángel la cargaron con cuidado.
Neriam se comunicó por el vínculo para que una ambulancia se acercara al sendero. Cuando llegó, subieron a la madre de Ronal y a Mónica con Gael en brazos; ella se negaba a soltarlo.
La ambulancia partió hacia el hospital.
Un guardia llevó ropa para quienes estaban desnudos tras la transformación. Nadie se había percatado del detalle en medio del horror.
Neriam regresó al frente de la casa con Ángel. Los demás acompañaron la ambulancia.
Al ver a uno de los guardias que custodiaba la casa esa noche, lo tomó del cuello.
—Dime qué fue lo que pasó en este lugar.
El hombre tragó saliva.
El guardia temblaba entre sus manos.
—Mi Señora… nosotros estábamos en nuestros puestos. Todo estaba en calma. De pronto… explotó. Fue como si el fuego hubiera nacido desde dentro. No vimos a nadie entrar… pero tampoco vimos salir a nadie.
Los ojos de Neriam se oscurecieron.
—¿Explosión? —repitió Ángel, tensando la mandíbula.
—Sí… y antes del fuego… hubo un olor extraño. No era humo común. Era… aceite. Algo inflamable.
El viento nocturno sopló con fuerza, avivando las llamas detrás de ellos.
Neriam soltó al guardia lentamente.
Esto no había sido un accidente.
Alzó la mirada hacia la casa consumida por el fuego y su voz salió baja, pero cargada de una furia helada:
—Esto fue un mensaje.
El crepitar de las llamas fue la única respuesta.
Y en medio del incendio, el Norte amenazaba con romper la estabilidad que tanto había costado construir.