CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE Había un montón de cabañas pequeñas en la calle Brio. La calle era tranquila, y la mayoría de las cabañas tenían luces encendidas adentro, pero no había nada de actividad en el exterior. A pesar de la escena pacífica, Riley estaba segura de que uno de estos lugares pintorescos albergaba una asesina mortal. Bill se estacionó en frente al número 15. Cuando apagó el motor, no escucharon nada a su alrededor. Pero Riley se sintió alarmada. Recordó la prisa con la que la mujer parecía haber salido de su casa. “Algo malo está sucediendo allí”, pensó. Estaba contenta que un equipo de apoyo del FBI estaba en camino, pero no podían esperarlos. Ella y Bill se bajaron del carro y corrieron hacia la cabaña. Cuando llegaron a la puerta principal, Bill estuvo a punto de tocar

