Heridos

2804 Palabras
Las semanas pasaban con una recuperación lenta a pesar de los buenos augurios del mago, hasta que finalmente uno de los habitantes que vivía cerca de la cueva cedió ante la tentación del nuevo amo, valiéndose de su habilidosa forma de pasar desapercibido para seguir a uno de los muy evidentes extranjeros dio con la cueva. A pesar de que se escondían en capas rojas muy comunes en Remmt, su tamaño y alas los delataban. Un pariente de aquel aldeano apareció en la puerta de la cueva en lo profundo de una montaña a riesgo de que acabaran con su vida porque creía en la posibilidad de derrocar al "asesino rojo" como le llamaban entre murmullos. Era cuestión de tiempo que allanaran la cueva y dieran con Eniel. Apenas podía caminar encorvado y mantenerse en pie cuando tuvo que salir apoyado de un enorme tronco n***o. Antes de irse el anciano como última muestra de voluntad le dio un frasco mediano cubierto de ramas negras secas, dentro había un poderoso tónico. -Debes recuperar fuerzas y no lo harás en ninguno de los planetas que ahora son dominio de Boltag o de sus aliados. Tienes que ir a un planeta distinto, pero cuando entres en su atmosfera antes de que te falte el aire toma esto. Te transformara físicamente en uno más de la especie predominante, así podrás ocultarte mejor hasta que recuperes tu vitalidad y te enfrentes a tu hermano - escondió el frasco de liquido rosa entre los pliegues de su túnica roja y lo escucho gruñir por lo bajo como respuesta mientras le daba la espalda - Justo antes de salir se detuvo y giró un poco sin llegar a verlo - Volveré a casa con su libertad - fue su franca promesa en un hilo de voz Sus escoltas leales lo llevaron a sobrevolar el espacio del lado menos vigilado y como pudo con un dolor indescriptible abrió sus alas poco más que inútiles, dejándolo verdaderamente debilitado por el esfuerzo. Fueron ellos quienes decidieron una vez más a donde llevarlo. El concierto termino en un sin fin de aplausos. Como siempre se inclinó ante la multitud de pie con las emociones a flor de piel y realizó su despedida al igual que la entrada, pero mucho más rápida quería salir de allí con una ansiedad desbordante. Trató de sonreír sin éxito a algunas personas que se le acercaron para felicitarla y se disculpó col la vista desorientada mientras la condujeron al salón en donde su tío la esperaba sonriente. La abrazó muy rápido sin notar su rostro palidecido sentándola en una de las hermosas sillas de una mesa larga de cristal cerrando la puerta tras de sí. - ¡¡La magistral Vicky lo ha hecho de nuevo!!. Tenemos una maravillosa gira en América dentro de tres meses y un jugoso adelanto bastante más pequeño que el de tu próxima producción discográfica. Tu carrera está en su mejor momento querida. Tus padres estarían orgullosos. Pensó en que quizá tenía razón y a sus padres les complacería escuchar finalmente que traspasó las fronteras. Todo lo que habían trabajado, todo lo que se había negado por años y después de las discusiones para eso que no le satisfacía en absoluto y a los únicos que les traería alegría más que a su avaro manager estaban muertos. Colocó nerviosamente sus manos en su regazo y comenzó a hacerse daño en un punto con sus uñas. Lo último que quería era una gira, quería irse a casa y alejar el ruido que tenía en la cabeza bajo la mirada de las estrellas en su absoluta soledad. Respiro profundamente agotada de la misma charla y su corazón comenzó a latir más rápido al tiempo que su mirada viajaba de un punto a otro con inquietud. - No - dijo sin más y en voz baja - ¿No?... Victoria esto es importante por esto hemos trabajado - Acaba de terminar una y no quiero más que permanecer en casa. ¡He dicho NO! - enfatizó - La miró perdiendo ese entusiasmo y sonrisa, se sentó frente a ella en aparente calma - Bueno cariño, no era una pregunta - palmeó su mano con una sonrisa forzada - Firmaste unos acuerdos hace unos meses y…. ¿consumiste algo? - Al fin lo notó - Otra vez tienes ocultas esas pastillas. No sé como las consigues Vicky, habíamos acordado que las suplantarías por el tratamiento - Se levantó soltando el aire con nerviosismo - Si no las tomo no puedo tocar - ¡Son excusas! ¿Cuántas tomaste? - Firme lo que querías. Esta gira y era todo - Habían otros compromisos incluidos y debes cumplir. Es tu deber Al decirlo de aquella forma tan amenazante y exigente recordó a sus padres y las miles de veces que repitieron lo mismo, confiaba en su familia y lo único que habían hecho era explotarla hasta el cansancio. Apretó fuertemente sus puños hasta marcar la palma con sus uñas, miró a su tío repitiendo entre dientes su negativa y fue el detonante para que toda esa rabia y frustración acumulada revolucionada con el adderall estuviese a punto de estallar. - Lo siento mucho Vicky. En dos días partimos a América será mejor que te prepares, por lo pronto ve a descansar a casa. Te ves descompuesta y quiero que le entregues a Hunt ese nuevo frasco - Tiró la silla elegante y metálica al suelo con un estruendo y la rabia marcando su rostro - Ya te dije que no y no insistas, soy yo quien te paga no lo olvides - El hombre de mediana edad se acerco a la chica para tratar de calmarla, pero lo empeoró - No olvides que toda esta grandeza es gracias a mi también y solo velo por la voluntad de tus padres - Están muertos….- susurro por primera vez aquella frase que solo había estado en su mente convenciéndola de su ausencia día tras día y llenándose de valor alzo la barbilla - están muertos - repitió con los ojos empañados - ya les cumplí y yo no quiero esto - dijo finalmente quitándose una a una con rabia las prendas de su cuerpo y las cintas rojas de sus muñecas, mientras lo hacía era evidente que estaba sufriendo Alarmado por una de sus crisis precisamente en ese lugar su tío marcó al Sr. Hunt como siempre que pasaba aquello. No estaba dispuesto a lidiar con los constantes cambios que su estado psicológico causaba y menos en donde a pocos pisos se encontraba la prensa. Vicky se sintió acorralada entre los dos hombres rodeando la mesa. No podía huir y jamás se había sentido con tantas ganas de volver a hacerlo. - Victoria debes calmarte, hablaremos en la mañana será mejor que te desintoxiques en casa - trato de conciliar el ya preocupado manager por algunas miradas indiscretas atraídas por el escándalo Por la cabeza de Victoria no pasaba absolutamente nada. Solo sentía una inmensa ansiedad que era producto de sus estados críticos y el abuso de la pastilla. Se quitó las bonitas zapatillas altas brillantes y se las lanzo a ambos hombres tratando en vano de alejarlos. Quería salir de allí, desaparecer de los que sentía como sus enemigos. No quería tomar una pastilla que la dopara para luego sentirse menos que persona, por lo menos el adderall le daban las ganas de levantarse que ya había perdido hace tiempo, estaba harta y cansada de seguir viviendo de aquel modo.  Alzando su precioso y caro vestido subió a una silla pasando sobre la mesa saltando al otro lado donde abrió la puerta cristalizada y corrió al pasillo. Detrás de ella el Sr. Hunt avanzaba rápido para alcanzarla, pero su estado de adrenalina y el medicamento combinado con la creciente ansiedad actuaron para que tomara a tiempo un ascensor vacío. Marcó con desesperación y las manos temblorosas el último botón mientras se cerraban las puertas frente al guardia quien decidió con velocidad tomar las escaleras…. Descalza y desesperada las lagrimas caían por sus mejillas embarrando su cara del corrido maquillaje, aunque poco importaba las personas con las que se cruzó en el ascensor la miraban con sorpresa. Necesitaba salir de allí, lo único que quería era mantenerse suficientemente lejos de la aterradora presión que siempre la asechaba en su cabeza y que canalizó en esos hombres. La puerta no abrió en el Lobby sino en el estacionamiento en donde se encontró corriendo buscando una salida visiblemente alterada. La gente elegantemente vestida que estaba allí comenzaba a mirarla también y a su parecer con ojos acusadores, mientras su ansiedad desesperada aumentó haciéndola respirar aceleradamente sin dejar de correr con la vista algo nublada y su consiente desorientado. Al otro lado del corredor el Sr. Hunt con su oscuro traje salió de las escaleras y se detuvo en seco al situar el peligro a tan corta distancia. Divisó un auto saliendo por un costado al exterior y  al tiempo ambos corrieron hacia el portón. Afuera el viento era fuerte y frio. Al verse en la calle no se detuvo y pasó por los autos en fila para poder tomar la autopista sin dejar de mirar atrás a su perseguidor… Cansada y alterada pensaba solo en el momento en que todo acabara, pero no dejaba de correr, algo la impulsaba por las calles y ni siquiera el rasposo asfalto detenía su desesperado avance. Corrió hasta que no supo en donde se encontraba por las calles oscuras,  ya era tarde y la gente estaba en sus hogares felices y resguardados. Se detuvo a ver como la luz de una ventana en un edificio se encendía y una pareja reía. Miro atrás y ese hombre ya no la perseguía, aun así con el corazón golpeando en su pecho y casi sin aliento continuó hasta dejar atrás el ruido, la gente, los autos y su infundado temor. Se encontró en una calle solitaria con edificios altos y se abrazó recostándose de una pared, el frio caló en su piel. Comenzó a dolerle el cuerpo y los pies, parecía que sobre sus hombros pesaba un enorme bulto que le oprimía el corazón dejándola sin algún pensamiento coherente. Lentamente cruzo el puente alto sobre un enorme lago helado que daba al otro lado de la ciudad, en donde había una pequeña zona boscosa. El sentimiento de dolor volvió con fuerza sintiéndose derrotada cuando el efecto de las pastillas pasó, todo lo que evitaban sus medicamentos la atormentaba a la vez y sin fuerzas se apoyó sobre el puente. La piel se le erizaba y temblaba del frio mientras exhalaba humo, pues su vestido solo era una fina tela verde. Su cabello despeinado y su cara manchada no importaban, tenía el peinado desecho. Miro el reflejo de la luna en el oscuro lago y lloró, lloró con un sufrimiento hondo del que estaba cansada de llevar a cuestas. Temblando con los pies sucios se apoyó sobre el borde del puente con sus rodillas y manos, al tratar de levantarse su vestido se enredó rompiéndose un poco haciéndola tambalear. Finalmente y sin saber cómo logró el equilibrio miro las calmadas ondas que se podían ver a través del reflejo del agua, necesitaba esa calma, necesitaba ser como esas ondas y escucho en su debilitada mente un piano con tonadas lentas y sutiles. Se tambaleó en el borde a 10 metros de altura, miró al cielo recordando la imagen maravillosa de familia en primera fila y el beso que le lanzo su hermana. Cerró los ojos haciendo que las incesantes lagrimas cayeran con fuerza, alzó los brazos y como pudo trató de sonreírle a las estrellas. Al abrirlos miró un punto en el cielo nocturno que tanto le gustaba, una estrella fugaz cruzó, luego otra y de pronto… esa estrella se acercaba a ella cada vez más. Alucinaba tal vez, pero le pareció hermosa, vibrante y supo que vendría a buscarla con su incandescente luz. Alzo su mano queriendo tocarla mientras se tambaleaba en el borde y estaba segura de que la alcanzaría de cualquier forma pues estaba allí para acabar con su sufrimiento. Parpadeó varias veces y dejó caer la mano mientras observaba como la estrella se convertía en algo que no supo describir por la oscuridad mientras se acercaba y dio un pequeño paso en el borde, mientras frente a sus ojos la estrella fugaz  pasó rápidamente a su lado con una potente ráfaga de viento que la atrapo tirándola fuertemente al asfalto detrás  de ella, e inmediatamente su cabeza reboto en el duro suelo dejándola con un ruido ensordecedor en sus oídos y un dolor agudo que quedó suspendido al tiempo que miraba el sendero entre los árboles al otro lado de la calle que había hecho al caer.   Tambaleante se sentó en la acera mientras sostenía con fuerza su cabeza y el ruido cesaba, limpió sus ojos y miró nuevamente al sendero respirando agitadamente. Caminó hacia el lugar pisando las ramas sin cuidado, apartando otras buscando algo que no sabía exactamente que hasta llegar a un camino devastado de tallos rotos, encontró muy cerca un rastro. Miro alrededor y la fría soledad era lo único presente. Sonaban las hojas a sus pies y algunos animalitos nocturnos acompañados de su respiración. Agradeció la amplia luz de la luna llena y se agacho para tomar en sus manos lo que parecía la enorme pluma de un ave demasiado grande. Estaba desconcertada y temblando, pero algo la incitó a seguir el rastro del ave hasta encontrar un bulto oscuro de una manta. Muchas de las plumas estaban esparcidas alrededor eran enormes y claras. Dudó en acercarse al animal era probable que estuviese muerto, había caído desde muy alto y no se movía, dio otro paso vacilante hasta que algo debajo de la tela de color burdeos se movió con un quejido que no parecía animal. Contuvo el aire y se acercó poco a poco, con cuidado tocó el bulto que volvió a quejarse haciendo que se alejara. Claramente balbuceaba algo no era un animal… repetía la palabra que no distinguía y finalmente retiró un poco de la manta para verlo, era humano y estaba muy herido. Sintió pena por él y sus lastimeros quejidos. Por instinto quiso ayudarle y lo giró para encontrarse con su rostro cubierto de tierra y hojas, además de sangre que distinguió fácilmente en sus dedos.  Trató de despertarlo, pero no reaccionaba. Para ella era increíble que un hombre cayera de tan alto y sobreviviera, al ver a su alrededor tantas plumas grises maravillada creyó en los ángeles. Si ella no estaba muerta él pronto lo estaría si no lo ayudaba, tenía que salvarlo. Debajo de la enorme tela que lo envolvía no llevaba ninguna prenda de vestir. Lo envolvió aun mas y salió de nuevo a la carretera a buscar ayuda, aun atónita, confundida, desesperada y perdida miro al bosque temblando más que una hoja de papel en medio de una calle atenazada por una fina neblina. Miró al frente cuando las luces encendidas de un auto la cegaron y rechino justo muy cerca de ella asustándola y haciéndola caer mientras retrocedía. De él salió como un rayo el Sr. Hunt quien llevaba su abrigo n***o para cubrirla del frío entre la niebla que comenzaba a espesarse. La llevo lentamente al auto, pero se soltó de sus brazos con una fuerza que no creía que tuviera después de todo lo que había recorrido. - Señorita por favor no haga esto mas difícil, se encuentra en un estado de Shock la llevare a casa - No espera… Hay alguien en el bosque .. por favor… Para él era otro claro ataque de alucinación, así que decidió inyectarle a la fuerza el sedante antes que se saliera nuevamente de control - Por favor, hay alguien herido. Por lo que más quieras ayúdalo. Llévalo a urgencias. Sálvalo. Nunca te he pedido nada y si lo haces haré lo que sea, haré lo que me pidan lo prometo. Sólo ayúdalo, es un ángel y morirá - le mostro su mano llena de sangre y el preocupado Sr. Hunt se preocupo pensando que nuevamente se había hecho daño - Señorita todo va a estar bien. Tranquilícese - se acercó con cuidado - Nadie va a morir esta noche - Ante la mirada del Sr. Hunt quiso correr de vuelta hacia el sendero, pero la atrapó a mitad del camino. - Por favor sálvalo, por favor - gritaba desesperada. Él está allí créeme - dijo antes de sentir la aguja en su brazo, sin parar de llorar. La última reacción que tuvo fue mirar a los ojos del caballero y susurrar unas palabras - Ve por él y tráelo conmigo, está herido.
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