—Roxanne, mírame soy el hombre que te crió, no le creas a esta sucia —dijo el Vampiro Batista. —¿Sucia? ¿A quien consideras sucia, a los que matan, a los que se adueñan, hieren y mienten? Esos serían los sucios. —A los que se crees que son mejores que otros y atacan sin piedad? —Mis palabras habían llegado fuerte y claro, Roxanne rechinó los dientes haciendo crujir. El anciano Batista sintió un frío aberrante en su espalda, sintió como su sus ojos se estaban llenando de sangre. Viéndose solitario por varios años después de recién convertirse en Vampiro, al ir a matar a toda la familia de Roxanne, habiendo terminado de matar, vió a una niña de tres años llorar, al verla arriba en las escaleras, se sintió vulnerable el corazón, le recordó a su propia hija y se la llevó, días después, al

