La sirvienta condujo a Olivia hasta la habitación contigua al dormitorio principal. Era el mismo cuarto en el que ya se había alojado antes, aunque en aquel entonces era un dormitorio sencillo. Esta vez, sin embargo, había cambiado bastante: las paredes lucían más decoraciones, el tocador estaba repleto de cosméticos caros y, para su sorpresa, en la cama había un muñeco de peluche con forma de husky. —Supongo que esto es para Emma. Gracias —dijo Olivia. La criada, con un tono respetuoso, respondió: —La señorita Emma tiene su propia habitación. El señor Edward dijo que podría volver tarde de trabajar horas extras, y sería incómodo que compartiera habitación con ella. Así que este cuarto es solo para usted… y este peluche también es para usted. Olivia no esperaba que Edward hiciera un ar

