Capítulo 59

1344 Palabras

Esa noche, Emma y Edward se lavaban los dientes juntos en el lavabo. Ella estaba subida a un pequeño banco, cepillándose con tanta energía que su boca estaba llena de espuma, y sonreía de oreja a oreja. —¿Por qué te ríes? —preguntó Edward. Emma escupió el enjuague bucal y, aún de pie en el banco, le enganchó el meñique con el suyo. Edward comprendió el gesto y se inclinó hacia ella. Emma le dio una palmada en el hombro y, con un suspiro que parecía de toda una adulta, dijo: —Ya te lo dije antes: mi mamá es muy especial. Mucha gente quiere conquistarla. Pensando en Freddie, Edward frunció levemente el ceño. —Entonces, ¿qué crees que debo hacer? —Esforzarte más y tomar la iniciativa, señor —respondió ella con una gran sonrisa—. Si actúas ahora, todavía no es tarde. Y además, podrías

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