En otro lugar, Chelsea regresó a casa. Apenas cruzó la puerta, su madre, Sofía, se acercó para recibirla. —Querida Chelsea, ¿por qué vuelves tan tarde? Te perdiste la cena. Chelsea rodeó el brazo de Sofía y le respondió con familiaridad: —Hoy fui al campo de golf con una amiga y charlamos un rato. Se llama Viola Kidman. Dijiste que te gustaban sus series, así que le pedí que me firmara un autógrafo. —Mi querida Chelsea, siempre tan atenta. Mientras elogiaba a su hija, Sofía dirigió la mirada hacia el sofá y alzó la voz: —Aunque no haya dado a luz a un hijo, no podría haber en el mundo alguien más considerada que mi Chelsea. —Oh, basta, mamá. No me adules tanto —dijo Chelsea con una sonrisa mientras se acercaba al sofá con una taza de té en las manos—. Papá, aquí tienes. Bentley, q

