Como habían acordado pasar la noche, una sirvienta les preparó una habitación de invitados. Olivia fue a bañar primero a Emma. La niña actuaba como si estuviera loca: no paraba de gritar, saltar y correr por el baño. Todas las toallas habían acabado empapadas. —Ya basta. ¿Terminaste? ¿Por qué estás tan alborotada? —¿Por qué no habría de estarlo? —Emma miró a Olivia con una sonrisa radiante—. Mami, siempre he deseado tener un hermano mayor. Al oírla, Olivia no pudo evitar fruncir el ceño. Dijo en voz baja: —Tienes uno. Emma notó de inmediato que había tocado una fibra sensible y se arrepintió al instante. —Mami… lo siento. —Está bien —Olivia le revolvió el cabello con ternura—. Deja de hacer tonterías y quédate en la bañera para mantenerte caliente. Iré a buscarte una toalla nueva.

