—Todo está bien, señor Edward. Puede estar tranquilo. La señora Jones se lleva muy bien con el pequeño Lucas. También su hija. A través del teléfono, Edward escuchó una carcajada infantil. Reconoció de inmediato que era Emma quien se reía. —¡Lucas, tu juguete es muy divertido! ¡Jajajajaja! Aunque no oyó la voz de Lucas, la risa contagiosa de Emma bastó para imaginar lo feliz que debía estar su hijo en ese momento. Las cejas fruncidas de Edward se relajaron un poco. —Eso es bueno. Asegúrate de que estén sanos y a salvo. —¿Eso es todo, señor? —preguntó el mayordomo—. La señora Jones me preguntó hace un momento si usted volvería para cenar esta noche. —No. Esta noche tengo que asistir a una cena —respondió Edward con claridad—. Que regresen a casa cuando terminen. Y si es muy tarde, que

